Un ataque armado a un centro de rehabilitación en Tijuana deja dos muertos y un herido. Este acto de violencia expone la vulnerabilidad de estos centros ante el crimen.
La violencia en Tijuana ha cruzado una nueva línea roja con un ataque armado directo a un centro de rehabilitación, que dejó un saldo de dos personas muertas y una más herida. Este brutal suceso pone de manifiesto la extrema vulnerabilidad de los llamados «anexos» y de las personas que buscan refugio en ellos.
En lo que debería ser un santuario para la recuperación y la esperanza, se desató el infierno. Un grupo de sicarios irrumpió en un centro de rehabilitación para adicciones en Tijuana y abrió fuego indiscriminadamente contra los internos, asesinando a dos hombres y dejando a un tercero gravemente herido.
El ataque, perpetrado con la frialdad y precisión de una ejecución, no es un hecho aislado en la violenta dinámica de la ciudad, pero sí uno particularmente cruel. Atacar un «anexo» es atacar a uno de los eslabones más frágiles de la sociedad: personas que luchan contra la adicción, a menudo con escasos recursos y en una situación de total desamparo.
¿Por Qué Atacar un Centro de Rehabilitación?
Las autoridades han iniciado una investigación para determinar el móvil del crimen, pero los patrones del crimen organizado en la región apuntan a varias hipótesis escalofriantes. Los centros de rehabilitación, muchos de los cuales operan en la informalidad, se han convertido en territorios estratégicos para los cárteles.
* Reclutamiento Forzado: Los grupos criminales a menudo ven a los internos como una fuente de reclutas fáciles, personas vulnerables que pueden ser cooptadas a través de amenazas o falsas promesas.
* Casas de Seguridad y Escondites: Los cárteles pueden utilizar estos lugares para esconder a sus miembros, armas o drogas, aprovechando la poca supervisión oficial.
* Ajustes de Cuentas: Un anexo puede ser el último refugio de un miembro de un grupo rival o de alguien con deudas pendientes. Un ataque directo es una forma de eliminar objetivos y enviar un mensaje de que no hay lugar seguro para esconderse.
Cualquiera que sea el motivo, el resultado es el mismo: la profanación de un espacio que debería ser de sanación y su conversión en un campo de batalla.
«Atacar un anexo es el colmo de la cobardía. Es ir a cazar a gente que ya está en el suelo, que está luchando por su vida. Demuestra que para estos criminales no hay absolutamente ningún código, ningún límite», expresó un activista local que trabaja con adictos.
Una Violencia que no Cesa
Este doble homicidio se suma a una racha de violencia que no da tregua a Tijuana. En los mismos días, se han reportado otros asesinatos selectivos en diversas colonias y el aseguramiento de cargamentos de fentanilo, la droga sintética que ha exacerbado la brutalidad de los conflictos entre cárteles por el control de la plaza.
La situación pone una presión inmensa sobre los cuerpos de seguridad y los servicios de emergencia, que, según se ha reportado, se ven a menudo sobrepasados por un volumen de llamadas que va desde homicidios hasta peticiones de ayuda para tareas escolares, evidenciando un sistema al límite.
El ataque al centro de rehabilitación es un sombrío recordatorio de la lógica implacable del crimen organizado: controlar todos los espacios, incluso aquellos donde la vida pende de un hilo. Para las víctimas y sus familias, y para todos aquellos que luchan por salir de la adicción, la masacre es una señal aterradora de que, en Tijuana, ni siquiera la rendición garantiza la paz.


TE PODRÍA INTERESAR