El caso de Hernán Bermúdez Requena, conocido como “El Abuelo”, ha destapado la magnitud de la red criminal que presuntamente operaba en Tabasco durante su paso como secretario de Seguridad estatal.
Con la creación de “La Hermandad” o “Cártel Policiaco”, Bermúdez habría tejido un control que abarcaba tráfico de migrantes, robo de combustible, trata de personas, venta de drogas y la explotación de bares y antros en Villahermosa y municipios vecinos.
Su alianza con el Cártel Nueva Generación (CNG) buscaba desplazar al Cártel del Golfo, de histórica presencia en el sureste, pero terminó en una ruptura interna que desató una ola de violencia sin precedentes.
La ruptura criminal y la ola de violencia en el estado
La fractura derivó en la aparición de dos grupos: “La Barredora”, bajo el mando de Bermúdez Requena, y la facción aliada al CNG, encabezada por Daniel Hernández Montejo, alias “El Hache” o “El Chichirria”.
De acuerdo con reportes oficiales, la disputa provocó que los homicidios crecieran 202% en 2024, con escenas de extrema violencia: decapitados, narcobloqueos y enfrentamientos armados en la capital tabasqueña.
Mientras tanto, el grupo afín al CNG heredó parte de la red de contactos de “El Abuelo” y adoptó un esquema militarizado con ex policías al frente, consolidando un brazo armado activo en la región.
Hoy, Villahermosa y alrededores siguen siendo el epicentro de la pugna, con delitos como extorsión, cobro de piso, secuestros y control de negocios nocturnos, lo que mantiene a Tabasco en alerta por la violencia heredada del llamado “Cártel Policiaco”.


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