Era una tarde tranquila en Cali cuando, de repente, una explosión sacudió la ciudad. El estruendo se escuchó a kilómetros y el caos se apoderó de las calles: vehículos en llamas, casas destruidas y personas corriendo en medio de gritos y alarmas. El ataque, dirigido a una base de la Fuerza Aeroespacial Colombiana, dejó seis muertos y 71 heridos, entre ellos cuatro en estado crítico.
Mientras tanto, a cientos de kilómetros, en Amalfi (Antioquia), un helicóptero Black Hawk UH-60 de la Policía Nacional fue derribado durante una operación antidrogas. El saldo fue devastador: 12 uniformados muertos y ocho heridos. Colombia vivió, en cuestión de horas, un doble atentado terrorista que recordó los episodios más oscuros del conflicto armado.
La reacción de Gustavo Petro
Frente a la magnitud de la tragedia, el presidente Gustavo Petro anunció la aplicación de la conmoción interna por 90 días, una medida excepcional prevista en la Constitución para restaurar el orden público.
En un mensaje firme, señaló como responsables a las disidencias de las FARC lideradas por Iván Mordisco y la Segunda Marquetalia, además del Clan del Golfo, al que calificó como “el mayor cártel productor de cocaína”.
Petro fue más allá y pidió a la Corte Penal Internacional y a la Agencia de Defensa Jurídica del Estado iniciar procesos contra los líderes de estas estructuras, acusándolos de crímenes de lesa humanidad y crímenes de guerra.
Recompensas y medidas de seguridad
El ministro de Defensa, Pedro Sánchez, anunció una recompensa de hasta 200 millones de pesos (aprox. 49 mil dólares) a quienes aporten información que permita anticipar nuevos ataques. La estrategia busca frenar a las facciones armadas antes de que logren consolidar operaciones en regiones estratégicas como el Valle del Cauca y Antioquia.
El dolor de la población
Las imágenes difundidas en redes sociales muestran la magnitud de la tragedia: ambulancias colapsadas, familias evacuando, heridos en el piso y un colegio entero desalojado.
“Escuchamos un ruido estruendoso, las casas temblaron. Muchas viviendas quedaron destruidas y hubo que evacuar a los estudiantes”, relató Héctor Fabio Bolaños, rector de un colegio cercano a la explosión en Cali.
La ciudadanía vive con miedo, pero también con resiliencia. Vecinos ayudaron a trasladar heridos y se organizaron para donar sangre a las víctimas.
Un conflicto que no termina
Aunque el acuerdo de paz de 2016 buscó poner fin a medio siglo de guerra, las facciones disidentes que no lo firmaron han mantenido la violencia en varias regiones del país. Según cifras oficiales, el conflicto armado en Colombia ha dejado más de 450 mil muertos en las últimas décadas.
Los atentados de Cali y Amalfi son una muestra de que la amenaza sigue viva, ahora vinculada al narcotráfico internacional y a carteles extranjeros que fortalecen a las disidencias.
Condena internacional
El gobierno de Venezuela condenó de manera enérgica el atentado en Cali, mientras organizaciones internacionales de derechos humanos advierten sobre la urgencia de proteger a la población civil en medio de esta escalada.
Colombia frente a una encrucijada
El doble atentado no solo golpea a Cali y Antioquia, sino que reabre un debate nacional: ¿puede Colombia superar décadas de guerra sin que nuevas generaciones vivan lo mismo?Con la conmoción interna decretada, la justicia internacional en la mira y la ofensiva militar reforzada, el gobierno de Petro enfrenta una de sus pruebas más duras. El país entero observa expectante, con la esperanza de que el dolor de las víctimas se convierta en un punto de inflexión hacia la paz.
