El reciente fallo de la Suprema Corte de Columbia Británica condenando por terrorismo a Abdul Aziz Kawam, miembro del Estado Islámico, tras un ataque ocurrido en Surrey, Canadá, ha reabierto el debate sobre cómo enfrentar el extremismo violento en sociedades democráticas. El caso, sustentado en pruebas de video y declaraciones oficiales, muestra cómo un ataque aparentemente aislado puede estar vinculado a redes ideológicas globales.
El ataque: violencia repentina en un autobús de Surrey
El 1 de abril de 2023, Kawam, de 30 años, atacó primero a un hombre en una parada de autobús en la zona de Fraser Highway y 156th Street. Poco después, subió a un autobús donde se produjo la agresión más grave: sacó un cuchillo grande y cortó tres veces el cuello de un pasajero con la intención de matarlo.
Las cámaras de seguridad revelaron la secuencia. Tanto agresor como víctima estuvieron juntos varios minutos en silencio antes de que ocurriera el ataque repentino. Pese a la gravedad de las heridas —el cuchillo cortó las cuerdas vocales y estuvo a un milímetro de la arteria principal— la víctima sobrevivió y logró arrojar a su atacante fuera del autobús, evitando más muertes.
La reivindicación del ataque en nombre del Estado Islámico
Tras ser expulsado del vehículo, Kawam gritó que el ataque había sido realizado “en nombre del Estado Islámico”. Sus palabras fueron recogidas por testigos y confirmadas en el proceso judicial:
“Quieren que termine la guerra, háganse musulmanes o paguen la yizia al Estado Islámico. No sean tontos y no oculten este mensaje a su gente, porque esto perjudicará a los civiles”.
Momentos después, la policía llegó al lugar y lo detuvo, aún con el cuchillo en la mano. Para los fiscales, esta declaración fue determinante para clasificar el ataque como terrorismo y no solo como un acto de violencia común.
Un proceso judicial con pruebas contundentes
Durante el juicio, la fiscalía presentó videos de vigilancia que mostraban la agresión en detalle, así como testimonios de testigos y personal médico. La defensa no pudo refutar los hechos, y el tribunal concluyó que el acusado actuó con plena conciencia de sus actos y con motivaciones terroristas.
El asesor general del Servicio de Fiscalía Pública de Canadá, Oren Bick, destacó la valentía de la víctima que, a pesar de estar gravemente herida, logró evitar una tragedia mayor al contener al atacante y sacarlo del autobús.
Canadá frente a la amenaza del extremismo violento
El caso de Abdul Aziz Kawam pone en evidencia que, aunque los ataques terroristas en Canadá no son tan frecuentes como en otras regiones, el país sigue siendo vulnerable a acciones inspiradas por grupos extremistas internacionales.
En los últimos años, las autoridades canadienses han reforzado sus protocolos de prevención, vigilancia digital y cooperación internacional para detectar posibles células o individuos radicalizados. Sin embargo, como señalan expertos en seguridad, los llamados “lobos solitarios” —personas que actúan sin apoyo logístico directo pero inspiradas por ideologías extremistas— siguen representando un desafío difícil de anticipar.
Las víctimas: sobrevivir más allá de las heridas físicas
Aunque ambos hombres agredidos sobrevivieron, las secuelas van más allá de lo físico. La víctima del autobús sufrió la pérdida temporal de la voz y un impacto psicológico profundo. Casos como este evidencian la necesidad de que los sistemas judiciales y de salud contemplen atención integral a las víctimas de terrorismo, incluyendo apoyo médico, psicológico y social.
El fallo de la Suprema Corte también envía un mensaje claro: los delitos motivados por ideologías extremistas no quedarán impunes, y quienes los cometan enfrentarán sanciones proporcionales a la gravedad de sus crímenes.
Un precedente legal y social
La condena por terrorismo en este caso no solo tiene un efecto punitivo, sino también preventivo. Refuerza la idea de que la radicalización violenta es una amenaza real en países democráticos y que debe ser enfrentada con una combinación de justicia, educación, prevención y cooperación internacional.
Para Canadá, se trata de un recordatorio de que la seguridad interna depende tanto de la acción policial y judicial como de políticas de inclusión y prevención que reduzcan los riesgos de radicalización.
Justicia y prevención ante el terrorismo
El ataque en el autobús de Surrey y la condena a Abdul Aziz Kawam muestran que el terrorismo puede manifestarse en escenarios cotidianos y afectar directamente a comunidades locales. Si bien las autoridades actuaron con rapidez y la justicia logró una condena ejemplar, el reto mayor es prevenir futuros casos a través de políticas integrales de seguridad y apoyo a las víctimas.
La lección es clara: cada acto de terrorismo, por aislado que parezca, tiene un impacto profundo en la sociedad. Enfrentarlo requiere tanto la firmeza de la justicia como el compromiso de fortalecer la resiliencia social frente al extremismo.


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