martes, enero 6, 2026

Caída de ‘El Nini’: Cómo los lujos y el ego del jefe de Los Chapitos lo entregaron

En el mundo del narcotráfico, la discreción es supervivencia. Néstor Isidro Pérez Salas, alias «El Nini», el temido y violento jefe de escoltas de «Los Chapitos«, olvidó esa regla. Su caída no fue producto de un enfrentamiento, sino de su propio ego y su necesidad de ostentar un poder que, finalmente, lo hizo visible y vulnerable.

   La captura de Néstor Isidro Pérez Salas, «El Nini«, representa uno de los golpes más estratégicos contra la estructura de poder de los hijos de Joaquín «El Chapo» Guzmán. Pero más allá de la operación de seguridad, su historia es una radiografía de una nueva generación de narcotraficantes cuya cultura choca con la de la vieja guardia, una generación para la cual la fama en redes sociales puede ser tan adictiva como la propia droga.

¿Quién es ‘El Nini’?: El violento escudo de los hijos del Chapo

   Pérez Salas no era un sicario más. Era considerado el jefe del aparato de seguridad de Iván Archivaldo Guzmán Salazar, el líder de la facción de «Los Chapitos» del Cártel de Sinaloa. Su función era ser el escudo humano y operativo del heredero, encargado de repeler ataques de grupos rivales y de ejecutar las órdenes más violentas para mantener el control de sus territorios. Su reputación de brutalidad era bien conocida tanto por las autoridades como dentro del propio cártel, lo que lo convertía en una pieza de alto valor en el organigrama criminal.

La caída: Lujos, redes sociales y la furia de su jefe

   Según análisis del periodista especializado en seguridad, Óscar Balderas, el error fatal de «El Nini» fue romper con el «bajo perfil» que se exige en los altos mandos del narco. A diferencia de los capos de antaño que buscaban el anonimato, Pérez Salas sentía una compulsión por exhibir su estatus.

   Sus constantes intentos por lucirse como un criminal poderoso, a través de la ostentación de lujos, vehículos de alta gama, fiestas y armas, no solo lo pusieron en el radar de las agencias de inteligencia mexicanas y estadounidenses, sino que, crucialmente, provocaban el enojo de su jefe inmediato, Iván Archivaldo Guzmán. Esta necesidad de validación pública lo convirtió en un lastre para la organización, un objetivo demasiado fácil de rastrear en un mundo digital.

 Un patrón de desmantelamiento

   La captura de «El Nini» no es un hecho aislado. Se enmarca en una serie de golpes recientes que buscan debilitar el círculo de protección de «Los Chapitos». Recientemente, también fue procesado alias «Rocka», señalado como presunto operador y jefe de plaza de la misma facción en el estado de Nuevo León.

   Estas acciones sugieren una estrategia de «decapitación» por parte de las autoridades, enfocada no en los líderes principales, sino en sus mandos medios y jefes de seguridad. Al eliminar a figuras como «El Nini» y «Rocka», se deja a los líderes más expuestos y se desarticula su capacidad operativa y de respuesta violenta. Esta estrategia parece estar ligada a la intensa presión ejercida por Estados Unidos para frenar el tráfico de fentanilo, una de las principales fuentes de ingresos de esta facción del cártel.

   La historia de «El Nini» es una lección sobre la soberbia en la era digital. En un mundo donde la discreción es la armadura más fuerte, él eligió la vanidad, y esa elección le costó su libertad, demostrando que en la guerra contra el narco, a veces el ego es un arma más letal que cualquier bala.

Paloma Franco
Paloma Franco
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