La tarde del lunes, el terror volvió a apoderarse de las calles de Michoacán. Un adolescente de 16 años fue asesinado a balazos y dos menores —uno también de 16 y otro de apenas 2 años— resultaron heridos durante un ataque perpetrado por presuntos sicarios del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), en la colonia Valencia Primera Sección.
Los hechos ocurrieron afuera de una vivienda ubicada en la calle Orense, cuando un grupo armado disparó directamente contra los menores. El ataque fue tan rápido como brutal: uno de los adolescentes murió en el lugar y los otros dos menores quedaron heridos de gravedad.
El CJNG intensifica la violencia contra menores
Este atentado no fue un hecho aislado. Se trata del tercer ataque contra niños y adolescentes en menos de una semana en Michoacán, todos atribuidos al CJNG, lo que evidencia un patrón creciente de violencia dirigida contra civiles inocentes, incluyendo menores de edad.
El pasado sábado 26 de julio, hombres armados ingresaron a una vivienda en la localidad de El Coire, en el municipio de Aquila, y asesinaron a dos niños de 11 y 12 años, así como a su padre. La comunidad indígena local denunció que no hubo presencia de fuerzas federales para repeler el ataque, lo que generó una fuerte indignación entre los habitantes de la Sierra Costa.
Violencia en aumento y sin contención
Apenas un día antes, el viernes 25 de julio, en el municipio colindante de Coahuayana, otro comando del CJNG atacó la localidad de Los Viveros. Esta vez, el blanco fue una tienda de abarrotes donde se encontraban dos menores. Una niña de 13 años recibió varios impactos de bala en ambas piernas y la pelvis. Gracias a la intervención de la Policía Comunitaria, la menor fue rescatada con vida y trasladada a un hospital en Tecomán, Colima, donde su estado de salud fue reportado como estable.
Comunidades abandonadas: la ausencia del Estado
La reacción de las autoridades ha sido lenta e insuficiente. En todas estas agresiones, las víctimas no recibieron apoyo inmediato por parte de fuerzas federales o estatales. Fue la Policía Comunitaria —en muchos casos con recursos limitados— la que enfrentó a los agresores y brindó auxilio a los heridos.
Organizaciones civiles y comunidades indígenas han levantado la voz para exigir protección real y efectiva por parte del gobierno federal. La preocupación crece: “¿Qué tan bajo puede caer la violencia cuando los niños se convierten en blancos?”, cuestionó un habitante de Aquila.
El CJNG y su dominio territorial
El CJNG, considerado uno de los cárteles más poderosos y violentos del país, ha consolidado su presencia en Michoacán, especialmente en regiones estratégicas como la frontera con Jalisco y la Sierra Costa. Su objetivo: controlar rutas de trasiego de droga y puntos clave para la operación del crimen organizado.
Esta expansión ha traído consigo un aumento de los enfrentamientos, extorsiones y, cada vez más, ataques directos contra la población civil. Las infancias no son excepción en este contexto de guerra no declarada.
¿Hasta cuándo?
La ola de violencia en Michoacán no muestra signos de frenar. Con tres ataques dirigidos contra menores de edad en tan solo una semana, queda en evidencia el nivel de impunidad con el que opera el CJNG en la región. Las familias viven con miedo constante, sabiendo que ni siquiera los más pequeños están a salvo.
El país entero se pregunta: ¿Dónde está el Estado? ¿Dónde están las estrategias de seguridad que deberían proteger a los más vulnerables? Las respuestas aún no llegan, mientras las balas continúan cobrando vidas inocentes.


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