El regreso de Donald Trump a la Casa Blanca ha replanteado la relación entre México y Estados Unidos. Y aunque el primer contacto entre el expresidente y la presidenta Claudia Sheinbaum, una breve llamada de una docena de minutos, no resultó en tensiones, sí dejó ver los complejos caminos que ambos gobiernos recorrerán en su mandato. Para México, el reto no será únicamente de diplomacia, sino de orden interno: ¿cómo mejorar su imagen ante el mundo y responder con eficiencia a los temas urgentes en comercio, migración y seguridad?
La llamada Sheinbaum-Trump: primer paso en una relación de alto riesgo
La llamada del pasado jueves marcó el inicio de una nueva era diplomática. Con un tono civil y sin confrontaciones, Trump y Sheinbaum buscaron iniciar con una agenda compartida en temas clave. El objetivo de la presidenta fue construir una base sólida y respetuosa en la relación, a sabiendas de que, para Trump, cada tema es una oportunidad de presión: las demandas comerciales siempre terminan conectando con la seguridad o la migración. Trump conoce a fondo este método transaccional y ya ha demostrado su eficiencia en administraciones mexicanas previas.
Por su parte, Sheinbaum enfrenta el reto de proteger los intereses nacionales sin romper el hilo de la cooperación con Trump, quien vuelve más radical y fortalecido. Se espera que la presidenta ceda en temas sensibles como la migración y el control del fentanilo, con el fin de frenar las presiones en el ámbito comercial y evitar aranceles que afectarían gravemente la economía.
Seguridad y migración, la moneda de cambio
Uno de los temas que definirá la relación México-EE.UU. será la migración. Trump ha prometido imponer un impuesto de 25% a las importaciones de México si el flujo de migrantes hacia Estados Unidos no se reduce drásticamente. Ante esto, Sheinbaum podría intensificar las medidas de contención migratoria en las fronteras y redoblar los esfuerzos en aduanas y puertos para limitar el tránsito de drogas como el fentanilo, un tema recurrente en el discurso de Trump y que, de alguna forma, se ha convertido en su estandarte de combate.
Sin embargo, la presidenta sabe que el verdadero reto reside en lo estructural. Sin mejoras significativas en infraestructura, seguridad y control territorial, será muy difícil cambiar la imagen de México. La percepción en Estados Unidos sigue siendo desfavorable, alimentada por problemas internos en seguridad y debilidad en la infraestructura, que alientan la narrativa antimexicana de Trump.
El dilema del comercio y la política energética
El comercio será otro de los grandes temas de la agenda bilateral. Trump ha expresado su preocupación por las políticas de energía en México, que han complicado la relación comercial y han generado incertidumbre para las empresas extranjeras. La insistencia del gobierno mexicano en concentrar la producción y distribución energética en manos del Estado no es vista con buenos ojos desde Washington. Se espera que Trump ejerza presión en este ámbito, exigiendo mayor apertura en el sector energético.
Además, el avance de inversiones chinas en México preocupa a Trump. Las áreas de telecomunicaciones y tecnología son puntos delicados, y Estados Unidos ya ha dejado claro que no desea que empresas chinas amplíen su influencia en el país vecino. En este sentido, es probable que la administración de Sheinbaum enfrente presiones en temas de inversión extranjera y en proyectos de infraestructura en los que estén involucradas empresas chinas.
¿Qué necesita México para cambiar su imagen?
Desde hace más de ocho años, la narrativa antimexicana ha sido un recurso recurrente para Trump y otros políticos estadounidenses. Las causas subyacentes son profundas y, hasta ahora, no han encontrado respuesta. ¿Por qué México continúa proyectando una imagen de país inseguro y disfuncional? La respuesta, como coinciden muchos expertos, radica en la falta de resultados palpables en áreas clave como la seguridad, el orden territorial y la infraestructura.
El camino hacia una imagen más positiva en el exterior implica, entre otras cosas, una mayor eficiencia gubernamental. México necesita no solo mejorar sus índices de seguridad, sino garantizar que su infraestructura funcione adecuadamente. Aduanas y carreteras operativas, control del narcotráfico, puertos bien resguardados y, sobre todo, un respeto inquebrantable al Estado de derecho son componentes esenciales para proyectar un país moderno y competitivo.
Trump y Sheinbaum: el desafío de una relación pragmática
Para Claudia Sheinbaum, el reto es claro. Lograr un equilibrio entre las demandas de Trump y las necesidades nacionales exigirá una postura firme y flexible a la vez. Los desafíos internos de México, desde la seguridad hasta la estabilidad económica, son fundamentales para proyectar una imagen renovada. Por otro lado, Trump mantiene su estilo, y todo indica que sus políticas hacia México no cambiarán drásticamente.
La realidad es que, en muchos sentidos, la estrategia antimexicana ha sido exitosa en Estados Unidos. Trump ha capitalizado el miedo y la desconfianza para ganar adeptos, y México aún debe responder al desafío de fondo: mejorar de forma tangible para cambiar esta narrativa. Como país, los problemas de seguridad, corrupción y economía deben enfrentarse de manera seria para construir un prestigio real en el extranjero. Las acciones diplomáticas son solo una parte del rompecabezas; el cambio debe ser profundo y sostenible.


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