La presidenta Claudia Sheinbaum Pardo reafirmó este martes que México no va a solicitar ni aceptar tropas militares de Estados Unidos para combatir al narcotráfico. De nueva cuenta, la jefa del Ejecutivo Federal salió a enfrentar la presión retórica que viene del norte, especialmente después de los recientes reclamos del presidente Donald Trump sobre el flujo de drogas.
Durante su ya tradicional conferencia matutina, Sheinbaum dejó las cosas meridianamente claras. Descartó de tajo cualquier intento de incursión militar o, incluso, de un posible ataque con misiles en territorio mexicano. La seguridad es un tema de Estado y, según su administración, es una tarea que debe resolverse desde la soberanía.
«No aceptamos tropas»: La postura de Sheinbaum
La presidenta fue cuestionada directamente sobre las declaraciones de figuras como el senador estadounidense Marco Rubio, quien, un día antes, había intentado calmar las aguas describiendo la coordinación bilateral como «histórica» y negando que Washington pensara en una invasión.
A pesar de esa aclaración, Sheinbaum mantuvo la firmeza de la política exterior mexicana.
“Cualquier intervención de Estados Unidos queda descartada, vamos a ponerlo así. No aceptamos tropas militares”, Claudia Sheinbaum
Además, la mandataria aprovechó para señalar a aquellos que dentro del país promueven esta clase de medidas. Hizo una crítica a sus opositores, indicando que existen voces que piden la injerencia extranjera, actuando con una visión «muy poco patriota» y promoviendo el intervencionismo. La línea del gobierno es clara: la colaboración con EE. UU. debe basarse siempre en el respeto mutuo y en la garantía de la soberanía nacional.

Trump y su queja sobre las drogas
El origen de esta nueva ola de tensión se encuentra en las declaraciones que Donald Trump hizo hace unos días. A bordo del Air Force One, el presidente estadounidense afirmó que, aunque han logrado reducir el ingreso de drogas en otras regiones, aún mantienen “un problema con México y Colombia”.
Trump no solo se limitó a señalar el problema, sino que también elevó el tono de sus acusaciones, una práctica que ha mantenido desde el inicio de su administración el 20 de enero. Afirmó que los cárteles tienen una supuesta “alianza con el gobierno de México” y que esto pone en peligro la salud pública y la seguridad nacional de Estados Unidos.
Esta presión constante, que incluye la implementación de aranceles como medida coercitiva, obliga a ambas naciones a tener reuniones continuas sobre seguridad, tráfico de fentanilo, migración y el flujo de armas.
Ante la dureza de Trump, el Secretario de Estado de EE.UU., Marco Rubio, ofreció una visión más diplomática y tranquilizadora. Tras una reunión del G7 en Canadá, Rubio fue enfático al decir que el gobierno de Trump no tomará acciones unilaterales ni enviará soldados a México.
El mensaje de Rubio fue un intento de ofrecer una salida cooperativa: “No vamos a tomar medidas unilaterales, ni a enviar fuerzas estadounidenses a México. Pero podemos ayudarlos con equipo, con entrenamiento, con intercambio de inteligencia, con todo tipo de cosas si nos lo pidieran”, afirmó.
Rubio incluso destacó que la colaboración en temas como el tráfico de fentanilo se encuentra en “su punto más alto en la historia”, lo que subraya la dualidad en la relación: una parte de Washington ofrece apoyo y reconocimiento, mientras que la otra (Trump) ejerce una presión extrema.
Con estas declaraciones, la presidenta Sheinbaum reafirmó que la línea del gobierno es muy delgada, pero firme: existe un entendimiento con el gobierno de Estados Unidos para colaborar en seguridad, pero este pacto jamás implicará la pérdida de la soberanía o la subordinación.