La reciente reelección de Rosario Piedra Ibarra al frente de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) confirma lo que muchos analistas ya temían: el avance de un modelo político sin contrapesos, donde los órganos autónomos, en lugar de proteger a la ciudadanía, parecen sumarse al coro oficialista. Para algunos, este evento simboliza una nueva fase de la transformación impulsada por Andrés Manuel López Obrador y encabezada por la presidenta Claudia Sheinbaum, quien, a pesar de liderar el país, parece delegar el rumbo a su predecesor.
Con el Senado dominado por Morena, PT y el Partido Verde, y la instrucción clara de “no incomodar” al expresidente, las consecuencias de la reelección de Piedra Ibarra en la CNDH reafirman que en el nuevo régimen mexicano, la autonomía de las instituciones y la supervisión del gobierno parecen ser una cosa del pasado.
El origen del desmantelamiento de los contrapesos
Desde que asumió la presidencia en 2018, López Obrador dejó claro que los órganos autónomos representaban para él un gasto innecesario y un obstáculo para llevar adelante su proyecto. Crítico de instituciones como el Instituto Nacional de Transparencia (INAI), el Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT) y la Comisión Federal de Competencia Económica (Cofece), el expresidente ha señalado que estos organismos sirven a intereses de “élites” y que sus funciones pueden ser absorbidas por dependencias del Ejecutivo. En este contexto, Rosario Piedra Ibarra resultó ser la figura ideal para la CNDH, pues durante su primer periodo ha mostrado una falta de voluntad para actuar como un verdadero contrapeso.
A lo largo de sus cinco años en la CNDH, Piedra ha sido cuestionada en múltiples ocasiones, no solo por su pasividad ante los altos índices de violencia y violaciones a derechos humanos, sino también por omisiones en casos emblemáticos y por un silencio notorio ante abusos de autoridad. Para López Obrador, contar con instituciones alineadas al poder es fundamental en su llamado «Plan C», y la reelección de Piedra evidencia cómo la consolidación de este modelo continúa avanzando, desdibujando los límites que separan el poder gubernamental de las funciones autónomas.
La reelección de Piedra y el papel del Senado
La reelección de Rosario Piedra en el Senado no es un simple proceso administrativo. Se trata de un símbolo del poderío que AMLO aún ejerce sobre Morena y, por ende, sobre las decisiones cruciales del país. El Senado, dominado por una mayoría legislativa afín al expresidente, celebró la reelección de Piedra, incluso cuando ella no formaba parte de la terna original. Por instrucciones de Adán Augusto López, Rosario Piedra fue añadida en la terna de finalistas, desplazando a candidatas que sí cumplían con los méritos para el cargo. A pesar de la inconformidad expresada por algunos legisladores, todos acataron la línea del partido.
En un gesto de subordinación al poder del exmandatario, los senadores corearon “es un honor estar con Obrador” y aprobaron la continuidad de Piedra sin cuestionamiento alguno. Para Sheinbaum, este acto pone de relieve las limitaciones de su liderazgo y muestra que, en realidad, la dirección del partido y del proyecto obradorista aún recae en las decisiones de su predecesor.
¿Qué significa el Plan C para la independencia de los organismos autónomos?
El Plan C de López Obrador va más allá de las reformas constitucionales en el Poder Judicial. Con la mayoría legislativa y la aprobación de reformas clave, el expresidente impulsa una estrategia para eliminar aquellos órganos autónomos que representen un contrapeso a su visión. Prueba de ello es el proyecto de eliminar a instituciones como el INAI, Cofece y el IFT, así como los cambios en el sistema de elecciones, que podrían poner en riesgo la independencia del Instituto Nacional Electoral (INE).
Lo que para López Obrador comenzó como una cruzada para “liberar” al país de lo que él llama “instituciones de la élite”, hoy se convierte en una realidad institucional que concentra el poder en pocas manos. Con un Senado y una Cámara de Diputados alineados, el Plan C avanza rápidamente, y figuras como Rosario Piedra simbolizan el nuevo rol que tendrán los órganos autónomos: ser observadores pasivos, sin capacidad ni intención de cuestionar al Ejecutivo.
La CNDH bajo Rosario Piedra: ¿Qué sigue?
La Comisión Nacional de los Derechos Humanos, que alguna vez fue vista como una institución clave para la protección de los ciudadanos frente a abusos del Estado, hoy representa una estructura debilitada, sin capacidad real de incidencia. Con su reelección, Piedra reafirma un modelo de subordinación al gobierno y la inacción en temas que afectan gravemente a la ciudadanía. La CNDH, en lugar de actuar como garante de derechos humanos, parece asumir un papel de validación de las políticas del gobierno.
La ausencia de la CNDH en casos de abuso policial, feminicidios, desapariciones y violencia en diversas regiones del país, ha sido notable. En un contexto de derechos humanos en crisis, su función parece haber quedado reducida a acompañar las decisiones del Ejecutivo y evitar críticas o recomendaciones que pudieran incomodar al poder.
Conclusiones: La centralización del poder en México
La reelección de Rosario Piedra es un recordatorio contundente de la dirección que ha tomado el nuevo régimen. Si bien AMLO dejó el cargo, su influencia sigue dominando el actuar de las instituciones clave, dejando poco espacio para la independencia. Con Claudia Sheinbaum al frente, pero bajo la sombra del expresidente, México parece estar transitando hacia un modelo en el que los contrapesos son minimizados y el poder se centraliza.
El avance del Plan C, con la desaparición de los órganos autónomos y el control sobre el Poder Judicial, muestra que el modelo de autonomía que México construyó en las últimas décadas está en peligro de desaparecer. Para la CNDH y otras instituciones, la continuidad de figuras como Rosario Piedra significa que sus funciones y autonomía están sujetas a los intereses del gobierno en turno.
La nueva era del obradorismo parece decidida a centralizar el poder, eliminar contrapesos y redefinir la autonomía de las instituciones. Hoy, el caso de la CNDH y la reelección de Piedra confirman que, en el nuevo régimen, la independencia de los organismos autónomos ya no es prioridad.
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