Plan México: Entre promesas de inversión y señales contradictoriaso
El Plan México, presentado por la presidenta Claudia Sheinbaum, busca colocar al país en el top 10 de las economías mundiales. Con una meta de captar 2,000 proyectos de inversión que sumen $227 mil millones de dólares, el plan apuesta al nearshoring, la ciencia, el turismo y la innovación como pilares para transformar a México en una potencia global. Sin embargo, las señales que envía el gobierno con reformas políticas recientes podrían minar la confianza necesaria para alcanzar este ambicioso objetivo.
El nearshoring como oportunidad estratégica
El contexto geopolítico es favorable para México. La guerra comercial entre Estados Unidos y China, junto con la ventaja geográfica del país, posiciona al territorio como un destino ideal para el nearshoring. Empresas globales buscan reubicar sus cadenas de suministro más cerca de los mercados clave, y México tiene una ventana de oportunidad única para atraer estas inversiones.
Sin embargo, expertos como Alejandro Werner, director del Georgetown Americas Institute, han señalado que el principal desafío no está en la competencia internacional, sino en los problemas internos creados por el propio gobierno. Según Werner, las reformas que debilitan al Estado de Derecho y las instituciones erosionan la confianza de los inversionistas.
La paradoja de las reformas
Mientras el Plan México se presenta como una invitación abierta a la inversión privada, las acciones del gobierno, como las reformas al Poder Judicial y la desaparición de organismos autónomos, generan incertidumbre. Estas medidas envían el mensaje de que será difícil ganar disputas legales contra el Estado, lo que aumenta el riesgo para las empresas interesadas en sectores estratégicos como el energético.
La incertidumbre no solo afecta a los inversionistas extranjeros, sino también a las empresas nacionales que ven complicado operar en un entorno donde Pemex y CFE acumulan deudas millonarias con sus proveedores y continúan sin pagar en tiempo y forma.
¿De dónde saldrán los $227 mil millones?
En el evento de presentación del Plan México, Altagracia Gómez, coordinadora del Consejo Asesor Empresarial, afirmó:
“Para aterrizar el Plan México los necesitamos, piensen en grande, protejan a los trabajadores mexicanos y confíen en México”.
Si bien el mensaje es optimista, la realidad es que los inversionistas demandarán mayores rendimientos para compensar los riesgos que implica operar en un entorno con instituciones debilitadas.
Además, el plan menciona que su éxito depende de garantizar certeza jurídica, fortaleza institucional y autonomía en transparencia y competencia económica. Pero, ¿cómo se logrará esto si las recientes reformas contradicen estos principios?
Una apuesta de doble filo
El Plan México es una estrategia necesaria y prometedora, pero enfrenta un contexto “esquizofrénico”, como lo describen algunos analistas. Por un lado, el gobierno reconoce la importancia del sector privado y la inversión para el desarrollo económico. Por otro, las reformas políticas recientes generan desconfianza y aumentan los riesgos para los inversionistas.
El reto principal para el éxito del Plan México será alinear el discurso con las acciones. Si el gobierno no logra reconstruir la confianza institucional y jurídica, el ambicioso objetivo de los $227 mil millones podría quedarse solo en papel.
Un momento crucial para México
El Plan México tiene el potencial de transformar la economía nacional y posicionar al país como un actor global clave. Sin embargo, el éxito dependerá de si el gobierno puede generar confianza en el sector empresarial y garantizar un entorno seguro y competitivo para las inversiones. El país enfrenta una oportunidad histórica, pero el tiempo para corregir el rumbo es limitado.
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