El pasado 29 de diciembre, la presidenta Claudia Sheinbaum cerró su primer año de mandato declarando que México es “quizá el país más democrático que haya sobre la faz de la Tierra”. La afirmación generó intensos debates, tanto dentro como fuera del país, sobre la salud de la democracia mexicana y el rumbo político que está tomando el gobierno actual.
¿Qué significa realmente ser el “país más democrático”? Y, más importante aún, ¿cumple México con ese estándar?
Democracia y oposición: ¿Una minoría sin poder real?
En el actual panorama político, aunque la oposición obtuvo 43% de los votos en las últimas elecciones, cuenta con apenas el 33% de los senadores y el 27% de los diputados. Este desbalance, derivado del diseño electoral, refuerza el poder del partido gobernante y limita la capacidad de los opositores para influir en decisiones clave.
Además, líderes de la oposición enfrentan investigaciones judiciales mientras los casos de corrupción que involucran al partido oficial no avanzan en las instituciones encargadas de impartir justicia.
Reformas y centralización: un cambio de régimen
El gobierno de Sheinbaum ha impulsado reformas estructurales que redefinen el equilibrio de poderes. Entre los cambios más significativos están:
- Colonización de organismos autónomos: Instituciones como el INE y el Tribunal Electoral han sido criticadas por su aparente alineación con el oficialismo.
- Supresión de contrapesos: La desaparición del INAI y la sustitución de los ministros de la Suprema Corte con perfiles cercanos al régimen consolidan una concentración del poder pocas veces vista en la historia reciente.
El pueblo según el régimen: división y exclusión
En el discurso oficial, el concepto de «pueblo» se limita a quienes apoyan al gobierno. Los críticos, opositores o incluso quienes cuestionan decisiones, son catalogados como “enemigos del pueblo”, lo que refuerza una narrativa polarizadora y excluyente.
Los medios de comunicación afines amplifican esta narrativa, mientras los críticos enfrentan presiones económicas o legales. Incluso los libros de texto escolares se han convertido en herramientas para transmitir la visión del régimen, según diversas acusaciones.
Presupuesto como herramienta de poder
El manejo del presupuesto público se ha convertido en un instrumento político:
- Programas sociales: Condicionados al apoyo electoral en regiones vulnerables.
- Licitaciones y contratos: Otorgados a empresarios que mantienen cercanía con el oficialismo, mientras se marginan a los opositores.
Este uso discrecional del dinero público ha sido ampliamente criticado por expertos y analistas internacionales.
Apoyo a dictaduras y alianzas internacionales
En política exterior, el gobierno de Sheinbaum ha estrechado lazos con regímenes como Cuba, Venezuela y Rusia, respaldando elecciones controvertidas como la de Nicolás Maduro. Estas decisiones generan tensiones con países democráticos y cuestionamientos sobre el compromiso de México con los valores democráticos globales.
¿Quién manda en México?
Aunque Claudia Sheinbaum es la presidenta, su predecesor, Andrés Manuel López Obrador, sigue teniendo una presencia dominante en la política nacional. En varias ocasiones, su influencia ha prevalecido sobre las decisiones de la presidenta, reforzando la percepción de que él sigue siendo el poder detrás del trono.
Además, el control del partido oficial por parte de su hijo subraya la continuidad del lopezobradorismo como un proyecto familiar y político.
México en el espejo de la democracia global
La declaración de Sheinbaum de que México es “el país más democrático del mundo” contrasta con hechos que cuestionan la fortaleza de las instituciones, la independencia de poderes y la igualdad política. Si bien la democracia mexicana cuenta con mecanismos sólidos como el voto universal, enfrenta amenazas crecientes por la concentración de poder y la erosión de contrapesos.
¡Únete a nuestro canal de Telegram! Las noticias más relevantes del día directamente en tu dispositivo móvil.


TE PODRÍA INTERESAR