El legado de los expresidentes: de Jolopo a la corrupción de Durazo

Cómo la “abundancia petrolera” de José López Portillo y el oscuro legado de El Negro Durazo marcaron una era de corrupción en México.

El inicio de la abundancia y el colapso financiero

Era el 1 de diciembre de 1976 cuando José López Portillo, mejor conocido como Jolopo, tomó las riendas de México. Desde el primer día de su mandato, prometió un futuro brillante basado en la explotación de las reservas petroleras recién descubiertas. Con gran entusiasmo, proclamó que estaríamos “administrando la abundancia”.

Pero esa abundancia fue efímera. En el verano de 1981, los precios del petróleo colapsaron, arrastrando al país a una de las crisis financieras más severas de su historia. Habíamos tomado préstamos masivos con la expectativa de un auge petrolero continuo, pero la subida de tasas de interés en Estados Unidos y la caída del crudo llevaron al peso a una devaluación brutal.

“Defenderé el peso como perro”

Jolopo, en uno de los momentos más recordados de su presidencia, lloró en su último informe de gobierno, prometiendo defender el peso “como perro”. Sin embargo, lo que se quedó en la memoria colectiva no fueron sus lágrimas, sino las ladridos simbólicos del pueblo que lo acompañaron mucho después de su salida de Los Pinos.

La era del Negro Durazo

Más allá de los desplantes melodramáticos de López Portillo, una de las manchas más oscuras de su sexenio fue su decisión de colocar a Arturo «El Negro» Durazo al frente de la policía capitalina. Este personaje es el epítome de la corrupción institucionalizada.

Durazo no solo lideró un régimen de abuso y terror, sino que también amasó una fortuna a través de sobornos, extorsiones y malversaciones. Su legado incluye:

  • La construcción del Partenón de Ixtapa, una opulenta residencia en la montaña, financiada con dinero mal habido.
  • Escándalos de tortura, como los atroces crímenes del río Tula, donde 12 cadáveres fueron encontrados mutilados y torturados.
  • Historias de corrupción grotesca, como el infame costal de billetes en su oficina, del que permitía sacar dinero a quienes eran recibidos con su característico: “Ándele, lo que agarre la manita”.

La decadencia de un gobierno nepotista

El gobierno de López Portillo no solo estuvo marcado por una economía en picada, sino también por un nepotismo descarado. Desde familiares en altos puestos gubernamentales hasta su círculo de amigos beneficiándose de contratos y privilegios, la corrupción se convirtió en un distintivo de su administración.

A pesar de algunos logros en el ámbito cultural y diplomático, su legado quedó opacado por el colapso financiero, el despilfarro y los escándalos de su círculo cercano.

Un aprendizaje para el México de hoy

La historia de Jolopo y Durazo sigue siendo un recordatorio sombrío de cómo las promesas de “abundancia” pueden convertirse rápidamente en crisis cuando la corrupción y la mala gestión dominan un gobierno. En un contexto donde México enfrenta desafíos similares en la administración de recursos naturales y combate a la corrupción, estas lecciones del pasado son más relevantes que nunca.

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