Cien días han pasado desde que Claudia Sheinbaum asumió la presidencia de México. Sin embargo, las primeras decisiones de su administración han estado marcadas por una continuidad casi absoluta del legado de Andrés Manuel López Obrador. ¿Es esto una estrategia política, un acto de lealtad, o simplemente una falta de independencia en su proyecto?
El “Plan C” y el desmantelamiento de instituciones democráticas
Uno de los puntos más polémicos en este inicio de gobierno ha sido la aprobación del llamado “Plan C”. Este paquete de reformas, impulsado por López Obrador y aprobado por el Congreso, representa un golpe directo a instituciones clave como el INE, el INAI y el Poder Judicial.
Sheinbaum intentó en un inicio frenar algunos de los aspectos más extremos del plan, pero rápidamente fue alineada por el peso político del exmandatario. En cuestión de semanas, cambios constitucionales que tomaron décadas de lucha democrática fueron desmantelados.
El nuevo régimen electoral y la elección de jueces y magistrados mediante voto popular auguran una concentración de poder sin precedentes, acercando a México a regímenes autoritarios como el de Nicaragua.
Economía: elefantes blancos y un presupuesto irrealista
La política económica de Sheinbaum ha reflejado continuidad con las iniciativas de su antecesor. Los megaproyectos como el Tren Maya, la refinería de Dos Bocas y el AIFA han seguido absorbiendo recursos, aunque enfrentan serios cuestionamientos de viabilidad y transparencia.
- Tren Maya: Los costos siguen escalando, ahora con la adición de trenes de carga y nuevas rutas.
- Dos Bocas: El presupuesto de esta refinería sigue siendo un agujero negro, sin señales claras de rentabilidad.
- Mexicana de Aviación: La reactivación de esta aerolínea estatal ha sido vista como un fracaso en gestión gubernamental.
Además, el Presupuesto de Egresos 2025 se ha construido sobre supuestos poco realistas, como un crecimiento económico optimista y un tipo de cambio estable. Mientras tanto, la inversión extranjera y la creación de empleos formales han mostrado cifras alarmantemente bajas.
¿Un nuevo estilo en la política exterior?
En el ámbito internacional, Sheinbaum ha mantenido el estilo combativo de López Obrador. Desde responder a las críticas de Donald Trump con burlas hasta retomar el polémico tema de exigir disculpas a España, las estrategias de política exterior parecen más enfocadas en mantener la narrativa que en buscar soluciones prácticas.
Con la inminente llegada de Trump a la presidencia de Estados Unidos, el escenario se complica. Las relaciones bilaterales estarán marcadas por el desafío de mantener acuerdos comerciales en el marco del T-MEC y abordar tensiones migratorias sin ceder soberanía.
¿Qué esperar del gobierno de Sheinbaum?
Los primeros 100 días del mandato de Claudia Sheinbaum han sido un reflejo de continuidad con el obradorismo. Aunque es pronto para hacer un juicio definitivo, la falta de señales de independencia y las crisis institucionales y económicas que enfrenta el país generan dudas sobre su capacidad para marcar un rumbo propio.
Sheinbaum deberá demostrar que su presidencia no es solo una extensión de López Obrador, sino un proyecto con visión y liderazgo propio. Para ello, será crucial construir consensos, fortalecer las instituciones democráticas y tomar decisiones que generen confianza en la ciudadanía y en los mercados internacionales.
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