La historia da vueltas inesperadas. Hace medio siglo, Vietnam y Estados Unidos libraban una de las guerras más sangrientas del siglo XX. Hoy, ambos países caminan hacia una cooperación estratégica en medio de un nuevo conflicto, esta vez comercial. Y en el centro del escenario está Donald Trump, quien ha vuelto a agitar el tablero global con una amenaza: imponer aranceles del 46% a productos vietnamitas.
De enemigos a socios estratégicos
Pham Minh Chinh, primer ministro de Vietnam, recibió con cordialidad a una delegación estadounidense liderada por Jeffrey Perlman, CEO de Warburg Pincus. El mensaje fue claro: Vietnam apuesta por la diplomacia económica como vía para crecer sin conflictos.
“Vietnam es un modelo de cómo convertir a los enemigos en amigos”, señaló la oficina del primer ministro, recordando que ambos países dejaron atrás la guerra para avanzar hacia un nuevo tipo de relación basada en intereses comunes.
Un delicado equilibrio entre potencias
En plena gira regional de Xi Jinping, quien firmó 45 acuerdos con Vietnam, Malasia y Camboya, Hanoi ha optado por no tomar partido, fiel a su política de diplomacia del bambú, que combina firmeza con flexibilidad. Sin embargo, el vínculo con Estados Unidos parece ser una prioridad.
Vietnam fue uno de los primeros en reaccionar a las amenazas arancelarias de Trump. El secretario general del Partido Comunista, To Lam, hizo una llamada directa al presidente estadounidense para iniciar negociaciones, lo que muestra el interés de Hanoi en evitar confrontaciones comerciales.
Una conversación que movió mercados
El 4 de abril, Trump confirmó una “conversación muy productiva” con Vietnam. El efecto fue inmediato: las acciones de fabricantes vietnamitas de ropa y calzado subieron, aliviando tensiones en un sector golpeado por la incertidumbre global.
Pham Minh Chinh agradeció la “pausa temporal” en los aranceles, señalando que abre una ventana para negociar en términos de “beneficio mutuo y equilibrio comercial sostenible”.
Una alianza que mira al futuro
Ambos gobiernos coinciden: sus economías no compiten, se complementan. Mientras Vietnam ofrece mano de obra calificada y cadenas de suministro eficientes, EE. UU. aporta inversión, tecnología y acceso a mercados.
Las relaciones han recorrido un largo camino desde su normalización en 1994. Hoy, con un mundo multipolar y un sudeste asiático clave en la geopolítica global, Vietnam quiere jugar como actor neutral, pero activo, con un pie en Washington y otro en Beijing, sin inclinarse totalmente hacia ninguno.
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