Altos funcionarios de Estados Unidos y China iniciaron este lunes 9 de junio de 2025 en Londres conversaciones comerciales, centradas en las disputadas exportaciones de tierras raras y los aranceles que han afectado las cadenas de suministro y el crecimiento económico mundial.
En un intento por desactivar una disputa comercial de alto riesgo que amenaza con paralizar las cadenas de suministro globales y frenar el crecimiento económico, altos funcionarios de Estados Unidos y China se congregaron en Lancaster House, Londres, este lunes 9 de junio de 2025. Las conversaciones buscan retomar el rumbo de un acuerdo preliminar alcanzado en Ginebra el mes pasado, que incluyó una suspensión temporal y reducción de algunos de los severos aranceles impuestos mutuamente.
La delegación estadounidense, compuesta por el Secretario del Tesoro, Scott Bessent, el Secretario de Comercio, Howard Lutnick, y la Representante Comercial, Jamieson Greer, se reunió con sus homólogos chinos, encabezados por el Viceprimer Ministro He Lifeng. La presencia de Lutnick, cuya agencia supervisa los controles de exportación y quien no estuvo presente en las conversaciones de Ginebra, subraya un cambio perceptible en la estrategia estadounidense. El foco parece haberse desplazado de negociaciones arancelarias amplias hacia la seguridad de cadenas de suministro específicas y críticas, particularmente las de tierras raras. Esta aproximación sugiere una preocupación más profunda por las dependencias estratégicas que van más allá de los simples desequilibrios comerciales.
El nudo gordiano de las tierras raras
Un punto central de la agenda es el control de China sobre las exportaciones de tierras raras, minerales esenciales para una vasta gama de tecnologías, desde vehículos eléctricos y teléfonos inteligentes hasta sistemas de defensa avanzados. Estados Unidos ha acusado a Beijing de ralentizar sus compromisos post-Ginebra en este frente. La casi monopolística posición de China en el mercado de imanes de tierras raras, componentes vitales para motores de vehículos eléctricos, le otorga una palanca de negociación considerable.
Las conversaciones en Londres siguen a una llamada telefónica calificada como «muy positiva» el pasado 5 de junio entre el presidente de EEUU, Donald Trump, y el presidente chino, Xi Jinping. Tras esta conversación, se informó que Xi habría accedido a reanudar los envíos de minerales de tierras raras e imanes a Estados Unidos. Subsecuentemente, China otorgó licencias de exportación temporales a proveedores de tierras raras para los tres principales fabricantes de automóviles estadounidenses, un gesto interpretado por algunos analistas como una medida táctica.
Expertos sugieren que estas «señales de buena voluntad» por parte de China son probablemente calibradas y condicionales. La aprobación de licencias justo antes de las conversaciones podría estar vinculada a la expectativa de concesiones por parte de EEUU en otras áreas, como la flexibilización de las restricciones estadounidenses a la exportación de semiconductores avanzados o la política de visas para estudiantes chinos. El Ministerio de Comercio de China, aunque afirmó el sábado su disposición a «mejorar la comunicación» y que había «aprobado un cierto número de solicitudes conformes», mantiene un control estratégico que probablemente no cederá fácilmente.
«El control de China sobre el suministro de tierras raras se ha convertido en una herramienta calibrada pero asertiva para la influencia estratégica. Su casi monopolio de la cadena de suministro significa que las tierras raras seguirán siendo una importante moneda de cambio en las negociaciones comerciales», escribió Robin Xing, economista jefe para China de Morgan Stanley, en una nota de investigación el lunes.
Impacto económico y contexto geopolítico
La guerra comercial ha dejado su huella en ambas economías. El crecimiento de las exportaciones chinas se desaceleró en mayo, y la deflación en fábrica se agudizó. Por su parte, en Estados Unidos, la confianza empresarial y de los hogares se ha visto afectada, contribuyendo a una contracción del Producto Interno Bruto en el primer trimestre.
El acuerdo de Ginebra en mayo había reducido temporalmente los aranceles estadounidenses sobre productos chinos de un promedio del 145% al 30% (otras fuentes indican 51.1% desde 126.5%), y los aranceles chinos sobre productos estadounidenses del 125% al 10% (otras fuentes indican 32.6% desde 147.6%), durante un periodo de 90 días. Este respiro había generado un repunte en los mercados bursátiles globales.
Sin embargo, estas conversaciones se desarrollan en un complejo telón de fondo geopolítico. Cuestiones más amplias y espinosas como el estatus de Taiwán –sobre el cual Xi advirtió a Trump en su reciente llamada –, el comercio ilícito de fentanilo y las quejas de EEUU sobre el modelo económico estatal de China permanecen sin resolver. Además, eventos concurrentes, como la desclasificación por parte de China de archivos históricos sobre crímenes de guerra japoneses el mismo día de las conversaciones , añaden capas de complejidad, sugiriendo que cualquier «deshielo» comercial podría ser frágil y susceptible a otras presiones.
El gobierno del Reino Unido facilitó el lugar para las discusiones, Lancaster House, pero no participa en el contenido de las mismas, aunque tiene previsto mantener conversaciones separadas con la delegación china más adelante en la semana. Medios estatales chinos como Xinhua confirmaron el inicio de las conversaciones.
El mundo observa atentamente, esperando que estas negociaciones puedan trazar un camino hacia una mayor estabilidad económica, aunque la complejidad de la relación bilateral sugiere que cualquier resolución será arduamente conseguida.
