«Sin excepciones»: la dura política migratoria que divide a la UE

"Sin excepciones": la dura política migratoria que divide a la UE
"Sin excepciones": la dura política migratoria que divide a la UE

Dinamarca ha lanzado un ultimátum que sacude los cimientos de la política europea: una nueva estrategia migratoria, más estricta y con centros de retorno fuera de la UE, deberá ser obligatoria para todos los Estados miembros, sin excepciones. Una postura que rompe el consenso.

Un viento gélido sopla desde Copenhague y amenaza con congelar el ya frágil consenso migratorio en la Unión Europea. El gobierno de Dinamarca, a través de su ministro de Integración e Inmigración, Kaare Dybvad, ha puesto sobre la mesa una exigencia que promete generar una profunda fractura en el bloque: «La nueva política migratoria de la UE debe obligar a todos, sin excepciones».

Esta declaración no es una simple sugerencia, es un órdago en toda regla que busca imponer un modelo migratorio mucho más estricto, centrado en las devoluciones y en la externalización de la gestión de solicitantes de asilo, un modelo que Dinamarca quiere que sea vinculante para los 27 Estados miembros. La propuesta está forzando a los países a tomar partido y exponiendo una división ideológica que va mucho más allá del tradicional eje izquierda-derecha.

El plan danés: centros de retorno y cero excepciones

La estrategia danesa, que Copenhague espera impulsar durante su presidencia del Consejo de la UE, se basa en dos pilares fundamentales que chocan con la sensibilidad de varios de sus socios:

  • Obligatoriedad Universal: Dinamarca rechaza de plano la idea de que países como Países Bajos puedan negociar cláusulas de exclusión (opt-outs) para no participar en la política común. Para el gobierno danés, la eficacia del sistema depende de que todos los miembros remen en la misma dirección, especialmente en lo que respecta a la devolución de inmigrantes irregulares.
  • Externalización de la Gestión: Apoyan abiertamente la creación de centros de retorno y procesamiento de solicitudes de asilo en terceros países, fuera de las fronteras de la UE. Citan el controvertido acuerdo entre Italia y Albania como un ejemplo de que «es posible» y argumentan que si la UE negocia como un bloque unificado, tiene la influencia necesaria para cerrar más pactos de este tipo.

Esta visión es compartida por otros gobiernos que abogan por una línea más dura. El ministro del Interior francés, Bruno Retailleau, ha llegado a pedir que se «invierta la lógica», pasando de una salida voluntaria a una «expulsión forzada» como norma general.

El colapso de la división ideológica tradicional

Lo más revelador de la postura danesa es quién la promueve. El gobierno de Dinamarca está liderado por el Partido Socialdemócrata, una formación de centro-izquierda. Su adopción de políticas migratorias históricamente asociadas a la derecha o la extrema derecha es el síntoma más claro de un profundo realineamiento político que recorre Europa.

«Creo que el Gobierno de Sánchez ha aplicado políticas migratorias muy eficaces y, al menos como ministro, me causa cierta envidia». – Kaare Dybvad, Ministro de Inmigración de Dinamarca.

Esta sorprendente declaración de admiración hacia la política migratoria de España y su acuerdo con Marruecos demuestra cómo las fronteras ideológicas se están desdibujando. El ministro danés es consciente de que su postura choca con la de la delegación socialista española en el Parlamento Europeo, pero no duda en elogiar los resultados prácticos de Madrid.

Este giro no es exclusivo de Dinamarca. Gobiernos y partidos de centro-izquierda en Alemania (SPD), Austria (SPÖ) y Bélgica están endureciendo sus discursos y políticas migratorias. La lógica subyacente es una estrategia de supervivencia política: arrebatarle la bandera de la gestión migratoria a la extrema derecha para demostrar a un electorado preocupado que el centro-izquierda también puede «controlar las fronteras» y gestionar la inmigración de manera eficaz. Es un intento de frenar el auge de los partidos populistas ocupando parte de su terreno político.

La pregunta que ahora flota en el aire de Bruselas es si esta estrategia es una adaptación pragmática a una nueva realidad o una renuncia a los principios humanitarios que tradicionalmente ha defendido el progresismo europeo. Sea cual sea la respuesta, el órdago de Dinamarca ha forzado a la UE a mirarse en el espejo, y la imagen que devuelve es la de un continente profundamente dividido y en plena transformación ideológica.

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