El viernes 10 de enero de 2025, Nicolás Maduro tomará protesta para un tercer periodo como presidente de Venezuela. Su victoria en las elecciones de julio pasado ha sido cuestionada por acusaciones de fraude, divisiones políticas y represión en el país. Este evento no solo ha agitado a Venezuela, sino que ha dividido a América Latina en tres bloques:
- El eje bolivariano, con aliados como Nicaragua, Honduras y Bolivia.
- Las democracias de izquierda y derecha, lideradas por figuras como Luiz Inácio Lula da Silva (Brasil), Gustavo Petro (Colombia) y Gabriel Boric (Chile).
- La posición ambivalente de México, marcada por su representación oficial en la ceremonia de Maduro.
Elecciones bajo sospecha: ¿legitimidad o imposición?
La polémica inició cuando el Consejo Nacional Electoral de Venezuela, controlado por el oficialismo, proclamó a Maduro ganador con 6.4 millones de votos frente a los 5.3 millones de su opositor Edmundo González. Sin embargo, la oposición publicó actas que demostraban su victoria 2 a 1, lo que levantó fuertes cuestionamientos.
El Centro Carter, invitado como observador electoral, declaró que las elecciones no cumplían con los estándares internacionales, afirmando que no podían ser consideradas democráticas.
Sheinbaum y su postura frente a Venezuela: ¿neutralidad o afinidad?
Claudia Sheinbaum, presidenta de México, adoptó una postura inicial de prudencia, pidiendo transparencia en los resultados. Sin embargo, su posición cambió radicalmente en los meses siguientes. Su gobierno confirmó que enviará una representación oficial a la investidura de Maduro, bajo el argumento de respetar la autodeterminación de los pueblos.
Mientras Lula y Petro han mantenido sus críticas a la falta de transparencia en las elecciones, Sheinbaum parece alinearse con el pequeño bloque bolivariano, equiparando a Venezuela y Cuba con democracias progresistas como Brasil y Chile.
Impacto en la política exterior de México
La decisión de Sheinbaum no ha pasado desapercibida en Washington. Con Donald Trump a punto de asumir la presidencia de Estados Unidos, las políticas de México hacia regímenes autoritarios como el de Maduro podrían tensar aún más la relación bilateral. Marco Rubio, próximo secretario de Estado estadounidense, ya ha criticado públicamente la afinidad de México con gobiernos como el de Venezuela.
Lecciones del pasado y retos del presente
América Latina ha sido testigo de cómo los populismos y los regímenes autoritarios erosionan la democracia y los derechos humanos. México, que en otros momentos lideró esfuerzos para promover la democracia en la región, parece ahora transitar hacia una posición que muchos ven como equívoca.
La representación mexicana en la investidura de Maduro, más allá del acto diplomático, envía un mensaje que podría repercutir en la política interna y externa del país en los próximos años.
El delicado equilibrio entre diplomacia y principios
El respaldo implícito del gobierno de Sheinbaum a Maduro plantea preguntas difíciles: ¿Dónde traza México la línea entre la neutralidad diplomática y el apoyo tácito a regímenes autoritarios? ¿Cómo afecta esto a su liderazgo en la región?
América Latina observa, mientras el gobierno mexicano navega por un terreno que desafía tanto sus principios históricos como sus intereses estratégicos.
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