Sanciones a Irán comienzan a mostrar un impacto que el propio presidente Masud Pezeshkian ya no intenta minimizar. En una entrevista con la televisión estatal, el mandatario reconoció que las exportaciones e importaciones del país han disminuido entre 25% y 35% durante los últimos meses, mientras la presión económica de Estados Unidos se intensifica y la guerra mantiene a Teherán bajo una creciente tensión.
La declaración resulta especialmente significativa porque llega después de que el propio Pezeshkian asegurara que las nuevas medidas estadounidenses no conseguirían sus objetivos. Ahora, el presidente iraní adoptó un tono diferente y señaló que su país atraviesa una situación que obliga a tomar decisiones difíciles. “Estamos en situación de guerra”, sostuvo, al defender la necesidad de adaptarse a unas condiciones económicas extraordinarias.
Sanciones a Irán y una economía bajo presión
La escena refleja una contradicción cada vez más evidente. Mientras el gobierno iraní intenta transmitir resistencia frente a Washington, las cifras citadas por Pezeshkian muestran que el comercio exterior está sufriendo un fuerte retroceso. El presidente también reconoció que no sabe qué responder a quienes aseguran que las sanciones no tienen ningún efecto.
La presión no se limita al comercio. El mandatario planteó incluso aumentar el precio de la gasolina, un asunto particularmente sensible en Irán debido a los fuertes subsidios que históricamente han mantenido bajo el costo del combustible. El país es uno de los grandes productores y exportadores de petróleo, pero enfrenta dificultades para garantizar el suministro interno en medio de las restricciones.
El vicepresidente Mohammad Jafar Ghaempanah había advertido que el bloqueo estadounidense a los puertos iraníes estaba complicando la importación de gasolina suficiente para cubrir el consumo doméstico. De concretarse un aumento de precios, el gobierno tendría que enfrentar también el posible descontento de una población que ya resiente las dificultades económicas.
Washington endurece el cerco económico
La estrategia estadounidense tiene además un componente financiero. El secretario del Tesoro, Scott Bessent, anunció un plan orientado a intensificar la presión sobre Teherán y advirtió que los países o entidades que ayuden a Irán podrían enfrentar consecuencias.
El nuevo capítulo de las sanciones a Irán recuerda que el conflicto económico entre Washington y Teherán no comenzó con la guerra actual. La política de máxima presión se reforzó desde 2018, cuando Donald Trump retiró a Estados Unidos del acuerdo internacional de 2015 relacionado con el programa nuclear iraní y posteriormente amplió el régimen de sanciones.
Entre las medidas recientes figura la acción contra Banque Misr UAE, una filial bancaria egipcia a la que Washington acusa de mantener operaciones financieras vinculadas con Irán. El Departamento del Tesoro también sancionó a Reza Mohammad Taeedi, gerente de una sucursal de Bank Melli en Dubái, y a Kameng Trading Limited, una empresa con sede en Hong Kong señalada por facilitar movimientos de fondos relacionados con una casa de cambio iraní sancionada.
El precio de la gasolina se convierte en otro frente
La posibilidad de elevar el precio del combustible coloca al gobierno iraní ante un dilema. Por un lado, necesita responder a las dificultades de abastecimiento y a la presión sobre las finanzas públicas; por otro, cualquier incremento puede generar malestar social.
Pezeshkian pidió asumir las condiciones propias de un tiempo de guerra, una frase que resume la magnitud del desafío. La economía iraní debe resistir restricciones comerciales, obstáculos financieros y problemas relacionados con el suministro energético, mientras Washington busca cerrar las vías que todavía permiten a Teherán mantener intercambios internacionales.
El desenlace dependerá de cuánto tiempo pueda Irán sostener su actividad económica bajo este nivel de presión y de cómo evolucionen las hostilidades. Por ahora, las declaraciones de Pezeshkian dejan un dato difícil de ignorar: las sanciones a Irán ya forman parte central de la batalla económica que enfrenta el país.
