Los ataques nocturnos rusos en Ucrania volvieron a golpear con fuerza a la población civil en uno de los momentos más críticos del año. En medio del invierno más frío en años, drones y misiles lanzados por Rusia impactaron la capital Kiev y la ciudad de Krivói Rog, dejando al menos cuatro personas muertas, decenas de viviendas dañadas y miles de ciudadanos sin calefacción ni electricidad.
Las sirenas antiaéreas rompieron el silencio de la madrugada en todo el país, obligando a familias enteras a refugiarse mientras el termómetro descendía hasta los -20 grados Celsius. Para muchos ucranianos, sobrevivir ya no es solo resistir los bombardeos, sino también al frío extremo que se cuela en hogares sin energía.
Ataques nocturnos rusos en Ucrania golpean Kiev y Fastiv
En la provincia de Kiev, las autoridades confirmaron la muerte de dos personas tras los bombardeos nocturnos. Una de las víctimas falleció en la capital, mientras que un hombre de aproximadamente 70 años perdió la vida en la ciudad de Fastiv. Los ataques obligaron a activar una alerta aérea nacional que se prolongó durante horas.
La Fuerza Aérea ucraniana informó que Rusia lanzó cerca de un centenar de drones, de los cuales alrededor de 85 fueron interceptados por los sistemas de defensa aérea. Sin embargo, los impactos que lograron atravesar las defensas dejaron daños materiales significativos y un profundo temor entre la población civil.
Krivói Rog, la ciudad natal de Zelensky, vuelve a ser objetivo
Horas después, un nuevo ataque ruso sacudió Krivói Rog, ciudad natal del presidente Volodimir Zelensky. Dos personas más murieron: un hombre de 77 años y una mujer de 72. Además, una tercera persona resultó herida y fue trasladada a un hospital.
El gobernador de Dnipropetrovsk confirmó que el ataque incluyó misiles y provocó daños en al menos 15 viviendas, un edificio administrativo y varios vehículos. El mensaje fue claro: ningún punto del país está fuera del alcance de la ofensiva rusa.
Una ofensiva aérea sostenida con drones y misiles
Durante la noche, Rusia lanzó aproximadamente 97 drones y un misil balístico Iskander. Aunque la mayoría fueron interceptados, las autoridades ucranianas confirmaron impactos directos en al menos once ubicaciones, además de daños causados por restos de drones derribados.
A mitad del conflicto, los ataques nocturnos rusos en Ucrania se han convertido en una estrategia sistemática para desgastar la infraestructura civil y quebrar la resistencia de la población, especialmente durante el invierno.
El invierno como arma de guerra
El último bombardeo masivo dejó sin calefacción a más de 5.600 edificios de apartamentos en Kiev. Aunque gran parte de la red había sido restaurada tras un ataque previo a principios de enero, la nueva ofensiva volvió a sumir a miles de personas en la oscuridad y el frío.
Casi cuatro años después del inicio de la invasión a gran escala, Rusia ha intensificado sus ataques contra el sistema eléctrico ucraniano con un objetivo claro: dejar a la población sin agua corriente, calefacción y luz en las temperaturas más extremas del año.
Diplomacia bajo presión mientras continúan los bombardeos
Mientras los ataques continúan, Ucrania intenta mantener abiertas las vías diplomáticas. Un equipo negociador ucraniano llegó recientemente a Estados Unidos con la misión de explicar cómo los bombardeos constantes están socavando cualquier posibilidad real de un acuerdo de paz.
Según Zelensky, la intensidad de los ataques demuestra que Moscú no muestra señales públicas de querer poner fin al conflicto en el corto plazo. Cada noche de drones y misiles aleja un poco más la esperanza de una tregua duradera.
Una guerra que no da tregua
Los ataques nocturnos rusos en Ucrania no solo dejan víctimas mortales y edificios destruidos, sino que profundizan una crisis humanitaria silenciosa: millones de personas intentando sobrevivir al frío extremo en medio de una guerra que parece no tener fin. En cada noche de bombardeos, Ucrania enfrenta no solo al enemigo en el cielo, sino también al invierno que avanza implacable.
