Era una madrugada común en las costas del Caribe hasta que una lancha rápida, presuntamente cargada con más de 1,000 kilos de cocaína, fue destruida por la Marina de Estados Unidos a unas 80 millas de Isla Beata, en República Dominicana.
Lo que parecía un operativo más contra el narcotráfico se transformó en un hecho histórico: por primera vez, Estados Unidos y República Dominicana ejecutaron una operación conjunta contra el narcoterrorismo en la región.
La Dirección Nacional de Control de Drogas (DNCD) informó que se recuperaron 377 paquetes de cocaína, confirmando la magnitud del golpe al tráfico internacional.
La estrategia detrás del despliegue militar
Este operativo no fue aislado. En agosto, la administración de Donald Trump envió ocho buques de guerra y un submarino al Caribe en lo que se presentó como una misión para “combatir el narcotráfico”.
Hasta ahora, la Casa Blanca afirma haber destruido tres lanchas rápidas en ataques separados, dejando más de una docena de muertos. Sin embargo, organizaciones de derechos humanos calificaron estas acciones como “ejecuciones extrajudiciales”, generando una intensa controversia internacional.
Venezuela en la mira: el otro objetivo
Aunque el discurso oficial habla de combatir el narcotráfico, analistas coinciden en que uno de los objetivos principales es aumentar la presión sobre Venezuela.
Funcionarios estadounidenses acusan al presidente Nicolás Maduro de encabezar el llamado Cártel de los Soles, y el propio Marco Rubio, secretario de Estado en ese momento, lo describió como “un fugitivo de la justicia estadounidense” con recompensa por su captura.
Maduro rechaza las acusaciones y denuncia que la operación es un ataque directo contra su gobierno, elevando la tensión política y militar en la región.
Los riesgos y la incertidumbre del Caribe
La presencia de 4,500 efectivos, cazas F-35 en Puerto Rico y fuerzas de élite de Operaciones Especiales sugiere que la misión podría ir más allá de interceptar embarcaciones.
Expertos señalan que, aunque el contingente es insuficiente para invadir Venezuela, su despliegue clandestino abre la puerta a operaciones encubiertas o incursiones específicas en territorio venezolano.
La incertidumbre sobre el alcance real de la operación genera preocupación en la región, mientras República Dominicana emerge como un socio clave en la estrategia antidrogas de Washington.
Un mensaje de poder en el Caribe
La incautación de cocaína y la destrucción de la lancha rápida no solo representan un golpe al narcotráfico. También envían un mensaje claro: el Caribe es ahora un frente estratégico en la disputa política y militar entre Estados Unidos y Venezuela.
La cooperación entre República Dominicana y Estados Unidos marca un precedente en la región, donde la lucha antidrogas se entrelaza con intereses geopolíticos. El mar Caribe ya no es solo un corredor de tráfico, sino también un escenario de tensiones internacionales que seguirán escalando.


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