Era una mañana gris en Londres cuando el primer ministro Keir Starmer anunció en su cuenta oficial de X lo que muchos califican como un giro histórico:
“Hoy, para reavivar la esperanza de paz para palestinos e israelíes y de una solución de dos Estados, el Reino Unido reconoce formalmente el Estado de Palestina”.
Con estas palabras, el Reino Unido pasó a engrosar la lista de más de 140 países que ya han reconocido a Palestina, enviando un mensaje directo a Israel y a su aliado más cercano: Estados Unidos.
El simbolismo de una decisión con eco histórico
La decisión británica tiene un peso simbólico innegable. No puede olvidarse que Gran Bretaña desempeñó un papel crucial en la creación de Israel tras la Segunda Guerra Mundial con la administración del Mandato Palestino.
Ahora, décadas después, Londres cambia de rumbo, rompiendo con una tradición diplomática de apoyo casi incondicional a Tel Aviv.
Este reconocimiento no surge en el vacío: llega tras el incumplimiento por parte de Israel de compromisos fundamentales, entre ellos un alto el fuego en Gaza, la apertura de corredores humanitarios y la suspensión de planes de anexión en Cisjordania.
Canadá, Australia y la presión internacional en la ONU
El anuncio británico no estuvo solo. Canadá y Australia también reconocieron el Estado palestino el mismo domingo, y se espera que otros países se sumen durante la Asamblea General de la ONU en Nueva York.
Este bloque diplomático refleja un cambio de tono global frente al prolongado conflicto y un intento de reequilibrar la narrativa internacional hacia la justicia y la paz.
El desacuerdo con Washington y la sombra de Trump
El movimiento coloca a Londres en desacuerdo directo con el presidente estadounidense Donald Trump, que mantiene una política de respaldo firme a Israel.
En julio, Starmer había advertido que el reconocimiento llegaría si Israel no cumplía con las condiciones básicas para avanzar en un proceso de paz real. Al no haber avances, el ultimátum se cumplió.
Para Washington, la decisión complica la estrategia de contención diplomática, mientras para los palestinos representa lo que Husam Zomlot, jefe de la misión en Londres, describió como “un reconocimiento largamente esperado” y un paso hacia “la corrección de errores históricos”.
Un camino hacia la paz… o nuevas tensiones
Aunque el reconocimiento tiene un fuerte valor político y moral, las perspectivas inmediatas de paz siguen siendo frágiles. La guerra en Gaza continúa, los asentamientos israelíes en Cisjordania avanzan, y el alto el fuego sigue roto.
Sin embargo, el gesto británico revive la esperanza de que la solución de dos Estados vuelva a ocupar un lugar central en la agenda internacional, pese a las tensiones que generará entre Londres, Tel Aviv y Washington.


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