El Reino Unido amaneció dividido tras un fin de semana marcado por protestas y contramanifestaciones. La tensión en las calles coincidió con el anuncio de una profunda reforma al sistema de asilo, presentada por la ministra del Interior, Yvette Cooper, con la promesa de agilizar procesos y reducir la dependencia de hoteles como alojamiento temporal para migrantes.
Una reforma para frenar retrasos históricos
Cooper señaló que la creación de un organismo independiente permitirá acelerar la resolución de los más de 51.000 casos abiertos y atender lo que calificó como “retrasos inaceptables”. Actualmente, el promedio para una decisión sobre una solicitud supera el año, lo que genera altos costos al erario y prolonga la incertidumbre de miles de solicitantes.
La ministra destacó que se trata de un sistema heredado de gobiernos anteriores y subrayó que la nueva vía rápida de decisiones será presentada en otoño, tomando como referencia la experiencia de otros países europeos.
Protestas y contraprotestas en ciudades británicas
El anuncio se dio en paralelo a un fin de semana de movilizaciones en ciudades como Bristol, Exeter, Liverpool, Newcastle y Aberdeen. Bajo el lema “Abolamos el sistema de asilo”, los manifestantes reclamaron el fin del uso de hoteles y exigieron políticas más duras contra los solicitantes irregulares.
Frente a ellos, grupos antirracistas convocados por Stand Up to Racism marcharon en defensa del derecho al asilo y la solidaridad con los refugiados. La policía desplegó un gran operativo para evitar enfrentamientos, aunque en Bristol se registraron tensiones que llevaron incluso a un arresto.
Debate político: conservadores y Reform UK al ataque
El anuncio desató un fuerte debate político. El Partido Conservador calificó el sistema vigente de “caótico”, mientras que Nigel Farage, líder de Reform UK y favorito en encuestas, planteó medidas más duras: deportaciones masivas y detención inmediata de migrantes que lleguen en embarcaciones pequeñas.
Farage aseguró que el país enfrenta una crisis migratoria que amenaza la seguridad nacional y que requiere un “cambio radical” en las políticas de asilo.
Los hoteles: símbolo de la crisis migratoria
Uno de los puntos más polémicos es el uso de hoteles. Actualmente, cerca de 32.000 migrantes se alojan en estas instalaciones, lo que ha generado protestas recurrentes y tensiones comunitarias.
El Gobierno de Keir Starmer se ha comprometido a eliminar gradualmente esta práctica para 2029, pero ha advertido que la transición debe hacerse de manera ordenada para no agravar la crisis humanitaria.
Casos judiciales y descontento social
La tensión escaló tras una orden judicial para desalojar a migrantes del Hotel Bell en Epping, donde un caso de agresión sexual avivó el rechazo público. Este tipo de incidentes alimenta la narrativa de quienes exigen deportaciones inmediatas y endurecimiento de la política migratoria.
En este clima, Reino Unido enfrenta un desafío histórico: equilibrar la presión social, la seguridad interna y sus compromisos internacionales con los derechos humanos.
