Recuento de votos en Honduras atraviesa una etapa crítica luego de que la presidenta del Consejo Nacional Electoral (CNE) denunciara graves retrasos en el escrutinio especial que definirá al próximo presidente del país. A casi un mes de las elecciones del 30 de noviembre, el proceso avanza lentamente entre acusaciones cruzadas, presiones políticas e incluso señalamientos de intimidación contra funcionarios electorales.

La contienda presidencial en Honduras se mantiene cerrada. El empresario conservador Nasry Asfura, del Partido Nacional (PN), lidera por apenas unos miles de votos frente al presentador de televisión Salvador Nasralla, del Partido Liberal (PL). La mínima diferencia ha elevado la tensión política y convertido el recuento en un punto clave para la estabilidad democrática del país.
Revisión de actas con inconsistencias retrasa el escrutinio
El retraso se concentra en la revisión de alrededor de 2,800 actas con inconsistencias, que comenzaron a ser analizadas desde el jueves pasado. Según el CNE, estas actas presentan errores que deben ser aclarados antes de declarar oficialmente a un ganador.
La presidenta del organismo electoral, Ana Paola Hall, advirtió públicamente que el proceso enfrenta obstáculos intencionales. A través de redes sociales, denunció que delegados de partidos políticos estarían prolongando deliberadamente el escrutinio, complicando la conclusión del proceso electoral.
“Continúan graves retrasos en el escrutinio especial”, señaló Hall, quien además alertó sobre un clima de intimidación contra el personal electoral, un factor que podría afectar la transparencia y la seguridad institucional.
Cruce de acusaciones entre partidos políticos
Las declaraciones de Hall provocaron una inmediata reacción de los partidos involucrados. Desde el Partido Nacional, el diputado Tomás Zambrano acusó a representantes de Nasralla y al partido oficialista Libre de promover un “retardo malicioso” para alterar los resultados.
Por su parte, Nasry Asfura afirmó que el recuento fue paralizado de manera ilegal, mientras que Salvador Nasralla sostuvo que el atraso se debe a la negativa del Partido Nacional a invalidar actas que no cuentan con las firmas correspondientes de los votantes.
En medio del conflicto, Rixi Moncada, candidata del partido Libre y tercera en la contienda, también ha sido mencionada en los señalamientos, aunque su fuerza política niega cualquier intento de sabotaje.
Plazo límite y llamado internacional a no obstruir el proceso
El Consejo Nacional Electoral tiene como fecha límite el 30 de diciembre para declarar oficialmente al nuevo presidente de Honduras. Ante la creciente polarización, una misión de observación de la Unión Europea hizo un llamado a todas las partes involucradas para evitar acciones que obstruyan la declaratoria final.
Los observadores internacionales han subrayado la importancia de que el proceso se complete con apego a la legalidad, advirtiendo que cualquier irregularidad podría afectar la credibilidad democrática del país en un contexto regional ya complejo.
Acusaciones de injerencia y decisiones de Estados Unidos
La situación electoral hondureña se complicó aún más por el respaldo público del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, a Nasry Asfura, lo que generó fuertes críticas desde el gobierno de la presidenta Xiomara Castro, quien denunció una supuesta injerencia extranjera en el proceso.
La polémica se intensificó tras el indulto y liberación del expresidente Juan Orlando Hernández, antiguo líder del Partido Nacional, quien cumplía una condena de 45 años por narcotráfico en Estados Unidos.
Además, el gobierno estadounidense revocó la visa al magistrado electoral Mario Morazán y negó el visado a Marlon Ochoa, miembro cercano al partido Libre, por presuntamente obstaculizar el recuento de votos.
Recuento de votos: Un proceso clave para la estabilidad democrática
El recuento de votos en Honduras no solo definirá al próximo presidente, sino que también pondrá a prueba la fortaleza institucional del país. Las acusaciones de retrasos deliberados, intimidación y presión política reflejan un escenario de alta fragilidad democrática.
Mientras el reloj avanza hacia la fecha límite, la expectativa ciudadana se mantiene en aumento. El desenlace del escrutinio será determinante para la legitimidad del próximo gobierno y para la confianza de la población en el sistema electoral hondureño, en un contexto donde la transparencia y el respeto a la voluntad popular resultan fundamentales.