Era un miércoles frío en Moscú cuando el Ministerio de Finanzas ruso presentó el nuevo proyecto presupuestario para 2026. En el centro de la propuesta, un cambio que impactará a cada ciudadano: la subida del IVA del 20% al 22%.
Este incremento no es un ajuste menor. Se trata de una medida que busca garantizar recursos para continuar con la invasión rusa a Ucrania, asegurar el equipamiento militar y sostener a las familias de los soldados caídos.
Armas y pensiones: el destino de los nuevos ingresos
El gobierno ruso estima recaudar 12 mil millones de dólares adicionales al año, equivalentes al 0,5% de su PIB. El presupuesto asignará estos ingresos a:
- Equipamiento de las Fuerzas Armadas con armamento moderno.
- Salarios del personal militar desplegado en Ucrania.
- Pensiones y apoyos sociales para familias de soldados fallecidos.
- Modernización de la industria de defensa, incluyendo drones y robótica.
En palabras del ministerio: “La prioridad estratégica es la seguridad nacional y el apoyo a quienes participan en la operación militar especial”.
El contraste con el discurso de Putin
Curiosamente, semanas antes, en el Foro Económico Oriental de Vladivostok, Vladimir Putin había señalado que no veía necesario subir impuestos, sino mejorar la eficiencia productiva. Sin embargo, la presión económica de la guerra parece haber acelerado decisiones fiscales que contradicen su propio discurso.
Impacto en la economía rusa
La medida llega en un momento delicado. El Banco Central ruso enfrenta dificultades para controlar la inflación, y el aumento del IVA podría agravar el problema.
Expertos advierten que este incremento encarece el consumo interno y frena la productividad. Además, los contribuyentes rusos serán quienes carguen con el costo de la invasión, en un país donde ya el IVA y el impuesto a la extracción de minerales aportan el 70% del presupuesto federal.
Antecedentes y comparaciones
La última vez que Rusia subió el IVA fue en 2019, del 19% al 20%. El salto proyectado para 2026 supone una de las reformas fiscales más agresivas en décadas.
Mientras tanto, desde Washington, el expresidente Donald Trump reaccionó señalando que la economía rusa “tiene grandes problemas”, insinuando que la subida de impuestos refleja la fragilidad de Moscú.
El precio de la guerra
Para los ciudadanos rusos, esta medida se traduce en un dilema cotidiano: pagar más impuestos en medio de la incertidumbre económica, mientras el Kremlin destina los recursos a mantener viva una guerra que ha cobrado miles de vidas.
En una pequeña ciudad de Siberia, por ejemplo, Natalia, madre de un soldado caído, se aferra a la promesa de apoyo del Estado. El mismo impuesto que encarece su vida será el que pague la pensión que recibe tras la muerte de su hijo en Ucrania.


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