Putin consolida la alianza militar con Corea del Norte en el Kremlin

Putin consolida la alianza militar con Corea del Norte en el Kremlin
Putin consolida la alianza militar con Corea del Norte en el Kremlin

En un gesto que confirma el rumbo de una nueva alianza global, Vladímir Putin recibió este domingo en el Kremlin a la canciller norcoreana Choe Son-hui, sellando así el compromiso militar más estrecho entre Moscú y Pyongyang desde la Guerra Fría.

El encuentro fue más que una visita diplomática: simboliza el nacimiento de un eje político-militar que desafía abiertamente las sanciones internacionales y redefine el mapa de poder en Asia. Putin agradeció “las proezas de los soldados norcoreanos” en Kursk, en alusión al despliegue de 15.000 efectivos norcoreanos en apoyo a las tropas rusas en Ucrania, según fuentes de inteligencia surcoreanas y occidentales.

Un pacto que rompe el aislamiento internacional

La ministra Choe Son-hui, enviada personal de Kim Jong-un, destacó durante su intervención “el impulso histórico” que ha tomado la cooperación bilateral desde la firma del tratado de defensa mutua de 2024. Este documento incluye una cláusula inédita: ambos países se comprometen a apoyarse “por todos los medios necesarios” en caso de agresión externa.

El mensaje no deja lugar a dudas: Rusia y Corea del Norte se presentan como un bloque militar y político alternativo a Occidente. Según analistas de defensa citados por Reuters, el pacto busca blindar a Moscú frente a las sanciones y, al mismo tiempo, ofrecer a Kim una puerta de entrada a la tecnología militar rusa.

Armas, petróleo y tecnología: los pilares de la cooperación

Fuentes de inteligencia surcoreanas afirman que Pyongyang ha suministrado a Rusia misiles balísticos, proyectiles de artillería y vehículos blindados, mientras que Moscú habría transferido tecnología antiaérea, petróleo refinado y sistemas de guerra electrónica.

El intercambio, aunque oficialmente negado por ambos gobiernos, refuerza la interdependencia entre dos potencias sancionadas. Para Putin, representa una vía para mantener su maquinaria bélica en marcha; para Kim, es una oportunidad de romper su aislamiento internacional y asegurar recursos estratégicos.

El nuevo bloque antioccidental toma forma

Este acercamiento no se da en el vacío. Rusia y Corea del Norte forman parte de un entramado de alianzas emergentes junto a Irán y China, países que también enfrentan sanciones o tensiones con Estados Unidos y la Unión Europea.

La estrategia, bautizada por algunos analistas como “interdependencia del aislamiento”, permite a estas naciones compartir recursos, tecnología y respaldo político, creando un contrapeso frente a las potencias occidentales.

Ambos países participarán esta semana en la III Conferencia Internacional de Seguridad Eurasiática en Minsk, donde se espera que refuercen su narrativa de cooperación “antifascista” y presenten su bloque como alternativa a la OTAN.

Un reencuentro con ecos de la Guerra Fría

Cuando Putin estrechó la mano de la canciller norcoreana frente a las cámaras, no era solo un gesto protocolario: era una escena cargada de simbolismo. Dos regímenes sancionados, dos líderes aislados, y una misma convicción: sobrevivir desafiando al orden mundial impuesto por Occidente.

El eco de la Guerra Fría vuelve a resonar, pero esta vez con un nuevo guion: Corea del Norte deja de ser el actor marginal y se convierte en socio militar directo del Kremlin.

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