La Organización Marítima Internacional (OMI) decidió aplazar por un año la votación de su plan global para reducir las emisiones de carbono del transporte marítimo, luego de que Estados Unidos presionara activamente para bloquear la iniciativa. El aplazamiento, anunciado este viernes en Londres, ha sido interpretado como un duro revés para la diplomacia ambiental internacional y un golpe a los esfuerzos por alcanzar la neutralidad de carbono en el sector naviero para 2050.
El proyecto, aprobado en abril por una mayoría de países, buscaba introducir un mecanismo de tasas o impuestos para los barcos que más contaminan, destinando esos fondos a la creación del “Fondo para Cero Emisiones Netas” (Net Zero Fund), con el objetivo de financiar tecnologías limpias y apoyar a los países más vulnerables ante el cambio climático. Sin embargo, Washington, junto con Arabia Saudita, Rusia y otros productores de petróleo, se opuso firmemente, calificando la medida como un “impuesto global inaceptable”.
Estados Unidos bloquea el acuerdo y amenaza con sanciones
La reunión de la OMI, celebrada desde el martes en la capital británica, estuvo marcada por intensas negociaciones y presiones diplomáticas. De acuerdo con fuentes de la agencia, Estados Unidos amenazó con imponer sanciones a los países que respaldaran el plan, incluyendo restricciones de visas, aumentos en los aranceles portuarios y otras medidas comerciales.
El presidente Donald Trump expresó su rechazo de manera pública, calificando de “indignante” que la OMI pretendiera votar “un impuesto global sobre las emisiones de carbono” aplicable al transporte marítimo. En declaraciones a la prensa, Trump insistió en que su administración no aceptaría un gravamen internacional que afectara la competitividad de las empresas estadounidenses.
El secretario de Estado, Marco Rubio, celebró el aplazamiento como una “enorme victoria” para Washington, asegurando que el liderazgo de Trump “evitó una subida de impuestos de la ONU a los consumidores estadounidenses” que habría financiado “proyectos climáticos progresistas”.
Las presiones de Estados Unidos generaron malestar en varios países miembros. Un diplomático brasileño denunció en sesión plenaria los “métodos coercitivos” de Washington, mientras una fuente europea advirtió que algunos países “más sensibles a la influencia estadounidense” podrían haber cambiado su voto por temor a represalias.
El plan ambiental: hacia un transporte marítimo sin emisiones
La propuesta de la OMI, de carácter histórico, buscaba que el transporte marítimo —responsable de alrededor del 3% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero— redujera progresivamente su huella de carbono a partir de 2028.
El objetivo final era que para el año 2050 la flota mercante mundial operara sin emisiones netas, mediante el uso de combustibles sostenibles, tecnologías limpias y mecanismos de compensación ambiental.
El “Fondo para Cero Emisiones Netas” (NZF) contemplaba un sistema de incentivos y sanciones: los buques que superaran los límites de emisión pagarían una tasa especial, mientras que aquellos con bajas emisiones recibirían recompensas económicas y beneficios operativos.
La idea contaba con el respaldo de la Unión Europea, Brasil, China y la mayoría de los países insulares del Pacífico, que originalmente se habían abstenido por considerar el proyecto insuficiente, pero que finalmente lo apoyaron tras los ajustes de abril. Sin embargo, Estados Unidos, Arabia Saudita y Rusia mantuvieron su oposición frontal.
El secretario general de la OMI, el panameño Arsenio Domínguez, reconoció que la propuesta “no era perfecta”, pero subrayó que sentaba “una base equilibrada para avanzar hacia la descarbonización del transporte marítimo”.
Reacciones internacionales: entre la frustración y la oportunidad perdida
El aplazamiento de la votación, previsto originalmente para este viernes, provocó reacciones inmediatas en distintas capitales. La Unión Europea lamentó la decisión, calificándola como “profundamente decepcionante”.
“Este retraso de un año es lamentable, y la UE está dispuesta a retomar las discusiones tan pronto como sea posible”, declaró una portavoz de la Comisión Europea.
Desde Naciones Unidas, el portavoz del secretario general, Stéphane Dujarric, afirmó que la decisión representa “una oportunidad perdida para colocar al sector naviero en una ruta clara y creíble hacia las cero emisiones netas”. Añadió que el transporte marítimo es un componente esencial de la economía global, pero también una fuente significativa de contaminación, y que su transformación “es crucial para cumplir los objetivos del Acuerdo de París”.
En contraste, la administración de Donald Trump celebró el aplazamiento como una victoria política y económica. Sin embargo, expertos en política ambiental advierten que la decisión podría retrasar gravemente la implementación de medidas urgentes para frenar el calentamiento global y reducir la contaminación del transporte internacional.
El aplazamiento de la votación en la Organización Marítima Internacional evidencia la tensión creciente entre los compromisos ambientales y los intereses económicos de las grandes potencias. La decisión, impulsada por la presión de Estados Unidos, posterga por un año la oportunidad de avanzar hacia un sistema marítimo global más limpio y sostenible.
Mientras la ONU y la Unión Europea lamentan la falta de consenso, Washington celebra el bloqueo como una victoria política, en un contexto en el que las decisiones sobre política ambiental y comercio internacional se entrelazan cada vez más.
La suspensión del plan deja en pausa una de las iniciativas climáticas más ambiciosas de la última década, pero también mantiene vivo el debate sobre cómo equilibrar la economía y el medio ambiente en un mundo que, inevitablemente, se enfrenta a la urgencia del cambio climático.


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