La guerra entre Israel e Irán ha encendido las alarmas en el punto más vulnerable de la economía global: el Estrecho de Ormuz. Un bloqueo aquí podría disparar los precios de la energía, romper las cadenas de suministro y arrastrar al mundo a una nueva recesión.
Más allá de los misiles y las declaraciones políticas, la verdadera guerra global que se libra entre Israel e Irán tiene un epicentro económico: el Estrecho de Ormuz. Este angosto paso marítimo es la arteria por la que fluye aproximadamente el 25% del suministro mundial de petróleo y el 20% del gas natural licuado (GNL), y ahora se encuentra bajo una amenaza directa que podría tener consecuencias catastróficas para la economía global.
Desde el inicio de las hostilidades el 13 de junio, los mercados han reaccionado con nerviosismo. El precio del petróleo Brent, la referencia mundial, ha experimentado un aumento de alrededor del 10%, con picos de hasta el 13%, superando los 77 dólares por barril. Este es el mayor salto desde el inicio de la invasión rusa de Ucrania y una señal inequívoca del miedo que recorre los mercados financieros.
El costo real de la guerra: Seguros y fletes por las nubes
El impacto más inmediato y tangible se está sintiendo en los costos del transporte marítimo. Las empresas que se atreven a navegar por la región enfrentan una escalada de precios sin precedentes:
* Primas de Seguros de Riesgo de Guerra: Han aumentado drásticamente. Para los buques que transitan por Ormuz, las tarifas se han disparado. En el caso de los puertos israelíes, las primas han llegado a triplicarse, alcanzando el 0.7% del valor del buque.
* Costos de Flete: El aumento del riesgo se traduce directamente en fletes más caros. Los datos ya muestran una disminución notable en el número de buques de carga y petroleros que atraviesan el estrecho, y los que lo hacen, pagan un alto precio.
Este encarecimiento no es un problema exclusivo de las grandes corporaciones. Estos costos se trasladan inevitablemente a lo largo de toda la cadena de suministro, llegando finalmente al consumidor.
Cadenas de suministro en jaque: De los autos a la electrónica
Un bloqueo total o parcial del Estrecho de Ormuz no solo afectaría al mercado energético. La región es un exportador clave de materias primas químicas, como metanol, urea y derivados del etileno, esenciales para innumerables industrias. Una interrupción en su suministro podría causar:
* Escasez de componentes: Industrias que dependen de la manufactura «just-in-time», como la automotriz y la electrónica, serían las primeras en sufrir retrasos en la producción por falta de insumos.
* Aumento de precios de bienes de consumo: La escasez y los mayores costos de transporte se traducirían en precios más altos para productos finales, desde plásticos hasta textiles y productos farmacéuticos.
* Inflación Global: Analistas económicos advierten que cada aumento del 10% en el precio del petróleo puede añadir hasta 0.4 puntos porcentuales a la inflación al consumidor durante el siguiente año. En un entorno económico global ya frágil, un shock inflacionario de esta magnitud podría ser el detonante de una nueva recesión global.
El impacto desigual: Asia, la más vulnerable
Aunque el impacto sería global, no todos los países lo sufrirían por igual. Asia es desproporcionadamente vulnerable, ya que la mayor parte del tráfico de petróleo del Golfo se destina a sus mercados. China, por ejemplo, recibe casi el 90% de las exportaciones de petróleo de Irán.
Por otro lado, Estados Unidos, como exportador neto de energía, podría verse menos afectado directamente, aunque no sería inmune a las presiones inflacionarias globales.
La guerra económica ya ha comenzado. En las calles de Teherán, se reportan largas filas en las gasolineras mientras los ciudadanos intentan acaparar combustible ante la incertidumbre. Mientras tanto, los inversores de todo el mundo se refugian en activos seguros como el oro. La estabilidad de la economía mundial pende de un hilo, y ese hilo atraviesa el Estrecho de Ormuz.


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