La OTAN acuerda un gasto militar del 5% del PIB para 2035 tras la presión de Trump. Rusia responde con una dura advertencia. Descubre por qué te importa.
La OTAN ha aprobado un histórico aumento del gasto en defensa al 5% del PIB para 2035. En una respuesta inmediata, Rusia ha calificado la decisión de «catastrófica», advirtiendo que podría llevar al colapso de la alianza militar, desatando una nueva era de tensión.
En una decisión que redefine el panorama de la seguridad europea, los 32 países miembros de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) han acordado un compromiso histórico: destinar el 5% de su Producto Interno Bruto (PIB) anual a gastos de defensa y seguridad para el año 2035. La medida, impulsada en gran parte por la presión de Estados Unidos, ha provocado una reacción inmediata y furiosa desde Moscú. El ministro de Asuntos Exteriores de Rusia, Sergei Lavrov, advirtió que este aumento de gasto será «catastrófico» para la alianza y podría precipitar su propio «colapso».
El «factor Trump»: ¿Una cifra para la guerra o para la casa blanca?
El objetivo del 5% no surge de un vacío estratégico, sino que está directamente vinculado a las persistentes demandas del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien durante años ha criticado a los aliados europeos por lo que considera una contribución insuficiente a la defensa colectiva. Este acuerdo, alcanzado en la cumbre de La Haya, es visto por muchos analistas no solo como una respuesta a la agresión rusa en Ucrania, sino como una prueba de lealtad política para gestionar las relaciones con una posible segunda administración Trump.
El pacto representa un cambio monumental respecto al objetivo anterior del 2% del PIB. Para hacerlo más digerible, la cifra se ha desglosado: un 3.5% se destinará a «gastos de defensa básicos» —como personal y armamento— y un 1.5% adicional a una categoría más amplia de «gastos relacionados con la seguridad». Esta última incluye la modernización de infraestructuras críticas (carreteras, puertos), ciberdefensa, resiliencia de la cadena de suministro e incluso la ayuda militar directa a Ucrania, cuya seguridad, según el comunicado, «contribuye» a la de la alianza.
Esta estructura de compromiso ha revelado profundas fracturas estratégicas dentro de la OTAN, creando un espectro de reacciones que van desde el apoyo entusiasta hasta el rechazo frontal.
La furia del Kremlin: La advertencia de un «colapso catastrófico»
La respuesta de Rusia no se hizo esperar. El ministro de Exteriores, Sergei Lavrov, declaró que la decisión de la OTAN podría ser contraproducente y llevar a la propia implosión de la alianza. Esta advertencia, más que un análisis militar, es una pieza calculada de guerra informativa.
Rusia es plenamente consciente de las divisiones internas en la OTAN sobre la viabilidad y el coste de este objetivo. La declaración de Lavrov está diseñada para ser amplificada por los medios y dar munición retórica a los movimientos pacifistas y a los partidos de la oposición dentro de los países miembros que se resisten a la medida. El objetivo es claro: enmarcar el coste de la disuasión como un acto de autodestrucción, debilitando así la voluntad política de los aliados para cumplir con el compromiso. Es una táctica clásica de «divide y vencerás», que busca transformar una demostración de fuerza de la OTAN —el aumento del gasto— en una narrativa de debilidad interna y fractura inminente.
> «Creemos que la OTAN podría colapsar debido a este catastrófico aumento del presupuesto.» – Sergei Lavrov, Ministro de Asuntos Exteriores de Rusia.>
Un continente dividido: Las posturas de las potencias europeas
El nuevo objetivo ha obligado a las principales potencias europeas a posicionarse, dejando al descubierto sus diferentes prioridades y capacidades:
- Reino Unido: El primer ministro Keir Starmer ha respaldado firmemente el objetivo, calificándolo como el mayor impulso a la defensa desde la Segunda Guerra Mundial y una necesidad absoluta para la seguridad nacional en una «era de incertidumbre radical».
- Francia: El presidente Emmanuel Macron apoya un aumento significativo, pero lo enmarca en su visión de una «autonomía estratégica europea». Propone un objetivo del 3 al 3.5% y sugiere utilizar fondos de la Unión Europea para alcanzarlo, buscando una vía más europea que transatlántica.
- Alemania: El canciller Friedrich Merz ha calificado el objetivo del 5% como «irracional» y poco realista, advirtiendo que requeriría «aumentos masivos de impuestos o recortes severos» en programas sociales, lo que pone de manifiesto el enorme coste de oportunidad para la economía más grande de Europa.
- España: Ha sido el oponente más vocal. El presidente Pedro Sánchez calificó el objetivo de «irrazonable» y declaró que su país no lo cumplirá, lo que provocó una amenaza directa de Trump de imponer aranceles comerciales.
- Polonia: Se ha posicionado como el aliado más fuerte de Washington en este tema, considerando el objetivo del 5% como una «importante llamada de atención» y un pilar de la seguridad frente a Rusia.
- Italia: La primera ministra Giorgia Meloni se ha alineado con España, afirmando que cualquier aumento debe ser «sostenible» a lo largo de una década y no debe comprometer el gasto social, buscando un equilibrio entre las obligaciones de la OTAN y las necesidades internas.
En conclusión, la OTAN se encuentra en un momento de profunda transformación. Aunque sobre el papel presenta un frente unido, la alianza se enfrenta a divisiones internas sin precedentes sobre el coste, la estrategia y su futura relación con Estados Unidos. Todo ello, bajo la sombra de una Rusia cada vez más agresiva y dispuesta a explotar cualquier grieta en el bloque occidental.


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