La noticia que estremeció al mundo llegó este viernes desde Ginebra: la ONU declaró oficialmente la hambruna en Gaza, un territorio devastado por meses de guerra. Más de 500 mil personas viven en condiciones catastróficas, según la Clasificación Integrada de la Seguridad Alimentaria (IPC). La respuesta de Israel fue inmediata: rechazo absoluto al informe, asegurando que “no hay hambruna”.
Historias desde Gaza: ollas vacías y un futuro incierto
Ahmed, padre de tres hijos, se coloca en la fila de distribución de alimentos. Su olla vacía es la metáfora de una nación en agonía. “Solo queremos pan para los niños”, dice entre lágrimas. Escenas como esta, documentadas diariamente por periodistas en Gaza, reflejan la crisis humanitaria más grave en décadas.
La ONU asegura que la situación “podría haberse evitado” si no existiera una “obstrucción sistemática” al ingreso de ayuda. Para António Guterres, secretario general del organismo, el hambre en Gaza es más que una tragedia: “es un crimen de guerra”.
Israel niega la hambruna y eleva las tensiones
El Ministerio de Relaciones Exteriores de Israel tachó el informe de “mentiroso y parcial”. Aseguran que han trabajado para “estabilizar la situación humanitaria”, aunque controlan el 75% del territorio palestino y mantienen restricciones al ingreso de suministros.
El ministro de Defensa, Israel Katz, fue aún más tajante: prometió destruir Ciudad de Gaza, la mayor urbe del enclave, si Hamás no libera a los rehenes y depone las armas. “Pronto se abrirán las puertas del infierno”, advirtió en la red X.
Una catástrofe con impacto global
La crisis humanitaria en Gaza no es solo un problema regional. Para la ONU y diversas ONG, se trata de una tragedia con repercusiones internacionales. El 60% de la población gazatí está en riesgo de hambruna. Los expertos temen que, de no llegar ayuda inmediata, el número de muertos supere cualquier registro reciente de guerras en Medio Oriente.
El alto comisionado de la ONU para los Derechos Humanos, Volker Türk, fue contundente:
“El hambre no puede usarse como arma de guerra”.
Negociaciones, rehenes y el futuro del conflicto
En paralelo, Israel y Hamás participan en negociaciones mediadas por Egipto, Qatar y Estados Unidos. El plan de tregua contempla la liberación de rehenes a cambio de prisioneros palestinos. Sin embargo, la desconfianza y la presión militar israelí dificultan cualquier avance real.
Mientras tanto, miles de familias palestinas solo esperan poder sobrevivir un día más. “Lo único que pedimos es que nos dejen comer en paz”, confiesa Leila, una joven gazatí que perdió a sus padres en un bombardeo.


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