En las salas del poder en Tel Aviv, el Primer Ministro Benjamin Netanyahu se enfrenta a la decisión más trascendental de su carrera: ordenar un ataque total para decapitar el programa nuclear de Irán o esperar el apoyo de un aliado clave, Estados Unidos, que se muestra peligrosamente dividido.
El destino de Medio Oriente pende de un hilo, y ese hilo se encuentra en manos del Gabinete de Guerra de Israel. Liderado por un presionado Benjamin Netanyahu, el círculo más íntimo de la seguridad israelí se debate en una encrucijada histórica: capitalizar sus éxitos militares y lanzar una ofensiva devastadora contra Irán, o ceder a la cautela de una administración estadounidense fracturada y poco fiable.
La tensión es máxima. La decisión que se tome en los próximos días no solo definirá el legado de Netanyahu, sino que podría sumergir a toda la región en una guerra de consecuencias inimaginables.
La Evolución de Netanyahu: De la Contención a la Ofensiva
La postura del primer ministro ha experimentado una «profunda evolución personal», según análisis de la prensa israelí. Si en abril de 2024, tras el primer intercambio directo de fuego, Netanyahu optó por una respuesta contenida para evitar una escalada, la situación actual es radicalmente diferente.
Impulsado por la continua agresión iraní y los éxitos de su propio ejército, Netanyahu ha adoptado un tono mucho más beligerante. Ha declarado públicamente que los ataques israelíes ya han hecho retroceder el programa nuclear de Irán por un «tiempo muy, muy largo» y ha calificado al régimen de Teherán como «muy débil».
Estas no son solo palabras; reflejan un cambio de cálculo estratégico, una creciente confianza en que una acción militar decisiva es ahora posible y, quizás, necesaria.
Sugerencia: Una foto de Benjamin Netanyahu en una pose pensativa y seria durante una reunión del Gabinete de Guerra. El titular sobrepuesto: «La Decisión Final».
La Presión Militar: «Superioridad Aérea Total sobre Teherán»
El estamento militar israelí está presionando para actuar. Su confianza se basa en una serie de éxitos tácticos contundentes. El portavoz de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI), el General de Brigada Effie Defrin, llegó a hacer una afirmación audaz: Israel ha «logrado la superioridad aérea total sobre los cielos de Teherán».
Esta afirmación se respalda con datos operativos impresionantes:
* Destrucción de más de 120 lanzadores de misiles superficie-superficie en el centro de Irán.
* Neutralización de 10 centros de mando de la Fuerza Quds, el brazo de operaciones exteriores de la Guardia Revolucionaria.
* Destrucción de múltiples aviones de combate F-14 iraníes.
Para los generales israelíes, estos logros no son un fin en sí mismos, sino la preparación del terreno para el golpe de gracia. Han demostrado que pueden penetrar las defensas iraníes a voluntad, y ahora argumentan que es el momento de usar esa ventaja para eliminar la amenaza existencial del programa nuclear.
«Los ataques israelíes equivalen a un golpe profundo y completo a la amenaza iraní.» – General de Brigada Effie Defrin, portavoz de las FDI.
El Factor Trump: Un Aliado Poderoso pero Impredecible
El mayor obstáculo para la ofensiva total de Israel no es Irán, sino su propio aliado. La relación con la administración Trump es una mezcla de dependencia y frustración.
* Dependencia: Israel necesita a Estados Unidos. Específicamente, necesita las bombas «bunker buster» GBU-57 para tener una posibilidad real de destruir la instalación nuclear de Fordow, enterrada bajo una montaña.
* Frustración: La Casa Blanca envía señales contradictorias. Por un lado, Trump ha entrado en la guerra bombardeando sitios nucleares. Por otro, su administración está visiblemente dividida, con figuras como el vicepresidente JD Vance oponiéndose a una escalada que arrastre a EE.UU. a una guerra mayor.
Además, fue Trump quien vetó personalmente un plan israelí anterior para asesinar al Líder Supremo Jamenei, por temor a una desestabilización regional incontrolable.
Netanyahu se encuentra en una posición imposible. Está presionado por su ejército para actuar ahora que tiene la ventaja táctica, y por la realidad económica de una guerra de desgaste que su país no puede sostener. Pero para dar el golpe definitivo, depende de un aliado impredecible cuya política interna podría cambiar el curso de la guerra de un día para otro. La decisión que tome bajo esta inmensa presión resonará en la historia.


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