martes, enero 6, 2026

Muertes brutales de prisioneros ucranianos revelan tortura en Rusia

“Todo estará bien”. Eso decía Serhii Hryhoriev cada vez que llamaba desde el frente. Su hija Oksana se tatuó esa frase en la muñeca. Era su escudo contra el miedo. Nunca imaginó que sería también el eco de una promesa rota.

En 2022, tras la caída de Mariúpol, Hryhoriev fue capturado por el ejército ruso. Su familia, amparada por el derecho internacional y el registro de la Cruz Roja, creyó que estaría protegido. Pero en lugar de regresar, Serhii volvió a casa en una bolsa negra. Y no fue el único.

Más de 200 prisioneros de guerra ucranianos han muerto en cárceles rusas desde el inicio de la invasión a gran escala. Autopsias, informes de la ONU y testimonios de sobrevivientes exponen un patrón: tortura sistemática, negligencia médica y ocultamiento deliberado.

Una violencia sistemática encubierta tras muros y fronteras

El certificado de defunción ruso de Serhii indicaba “derrame cerebral”. Pero el testimonio del ex prisionero Oleksii Honcharov, que compartió celda con él, cuenta otra historia: palizas diarias, privación médica y signos de deterioro ignorados.

Honcharov, liberado en 2024 tras un intercambio de prisioneros, recuerda: “Al final, apenas podía caminar”. Él mismo volvió con tuberculosis, una enfermedad común entre los repatriados. Lo que vivieron, asegura, fue tortura institucionalizada.

La ONU respalda estas acusaciones. Su informe de 2024 revela que el 95% de los prisioneros ucranianos liberados reportaron abusos: asfixia, choques eléctricos, violencia sexual y simulacros de ejecución. En contraste, aunque Ucrania también ha sido señalada por maltratos, los abusos cesan al llegar los prisioneros rusos a centros oficiales.

Las autopsias que hablan cuando Rusia calla

Inna Padei, médica forense en Kiev, lidera un equipo que analiza cuerpos de soldados repatriados. A menudo mutilados, descompuestos, sin órganos clave. Las señales de violencia son claras, aunque el tiempo y la descomposición dificulten las pruebas concluyentes.

Un cadáver presentaba una fractura craneal del tamaño de una almendra: golpe mortal con objeto contundente. Otro, sin ojos ni pulmones. Para las autoridades ucranianas, es un intento sistemático de encubrimiento.

Amnistía Internacional ha denunciado el secretismo ruso y la negativa a permitir inspecciones en cárceles. Las familias pasan meses sin noticias, solo para recibir cuerpos inidentificables tiempo después.

La evidencia se acumula… ¿y la justicia?

El gobierno ucraniano busca documentar cada caso, con vistas a presentar cargos ante la Corte Penal Internacional. Ya han contabilizado más de 450 muertes de prisioneros: 206 en custodia rusa, 245 ejecutados directamente en combate.

Cada autopsia, cada testimonio como el de Honcharov, es una pieza de un rompecabezas macabro que apunta a crímenes de guerra. Y sin embargo, la respuesta internacional sigue siendo tímida.

La frase de Hryhoriev —“Todo estará bien”— se ha convertido en símbolo. No de esperanza, sino de la cruel distancia entre la ley internacional y la realidad del conflicto.

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Owen Michell
Owen Michell
Owen Michell es nuestro editor especializado en noticias digitales, con un profundo conocimiento en identificar tendencias y desarrollar contenido de consulta. Su experiencia en el panorama digital le permite brindar información relevante y atractiva para nuestra audiencia. Su pericia en el ámbito de las noticias digitales contribuye a la autoridad y actualidad de nuestro sitio.
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