La primera ministra de Dinamarca, Mette Frederiksen, ofreció disculpas públicas a cerca de 4 mil 500 mujeres inuit de Groenlandia que fueron víctimas de un programa de anticoncepción forzada llevado a cabo durante más de tres décadas. Entre 1960 y 1992, miles de mujeres jóvenes fueron obligadas a recibir dispositivos intrauterinos sin su consentimiento, en un intento por reducir la tasa de natalidad de la población indígena del Ártico.
Un capítulo oscuro en la historia de Groenlandia
El caso salió a la luz tras diversas investigaciones históricas y testimonios que revelaron cómo las autoridades danesas implementaron un plan sistemático para controlar la natalidad de la población inuit. En muchos casos, las jóvenes apenas tenían 13 o 14 años cuando eran sometidas a procedimientos médicos invasivos sin información ni aprobación de sus familias.
Las consecuencias fueron devastadoras: numerosas mujeres quedaron estériles de manera permanente, mientras que otras arrastran hasta hoy secuelas físicas y psicológicas. Para muchas de ellas, este episodio significó la pérdida de su derecho a decidir sobre su propio cuerpo y su futuro.
El perdón oficial de Dinamarca
En un comunicado emitido este miércoles, la primera ministra Frederiksen expresó: “No podemos cambiar lo que sucedió. Pero podemos asumir nuestra responsabilidad, por lo que en nombre de Dinamarca me gustaría pedir perdón”.
El gesto se da en medio de un proceso judicial impulsado por al menos 150 mujeres inuit, quienes demandaron al Estado danés por la violación de sus derechos fundamentales. El reconocimiento del gobierno se considera un paso importante, aunque todavía insuficiente, para las víctimas que esperan reparación y justicia.
Frederiksen también reconoció que este no es el único episodio de discriminación contra los groenlandeses: “Sabemos que hay otros capítulos oscuros de discriminación contra los groenlandeses solo por ser groenlandeses”, señaló, extendiendo sus disculpas a todos los casos en los que Dinamarca trató de manera desigual a los habitantes del territorio ártico.
Groenlandia y la lucha por su autonomía
Este territorio del Ártico, que fue una colonia danesa hasta 1953, obtuvo un estatus de autonomía en 1979. Sin embargo, no fue hasta 1992 cuando las autoridades locales asumieron por completo el control de su sistema de salud. Fue en ese año cuando se puso fin a la campaña de anticoncepción forzada.
El primer ministro de Groenlandia, Jens-Frederik Nielsen, también ofreció disculpas a las víctimas, asumiendo la responsabilidad de los casos que ocurrieron bajo administración local tras la autonomía. Esta doble disculpa, tanto de Copenhague como de Nuuk, refleja la complejidad de una herida histórica que todavía divide a las comunidades.
Las víctimas exigen justicia
Más allá del perdón simbólico, las mujeres afectadas y sus familias reclaman una compensación económica y moral. Argumentan que la violación de su autonomía corporal no solo destruyó vidas individuales, sino que también buscó alterar la identidad cultural del pueblo inuit, cuyo crecimiento poblacional fue controlado deliberadamente.
Activistas por los derechos humanos han señalado que el caso de Groenlandia es un ejemplo más de cómo la medicina y la política se usaron como herramientas de dominación colonial. El hecho de que los procedimientos continuaran hasta la década de los noventa revela, según los expertos, la profundidad del racismo estructural hacia las comunidades indígenas.
Repercusiones en el presente
El perdón de Dinamarca ha sido recibido como un avance importante en términos de reconciliación histórica, pero también abre la puerta a un debate más amplio sobre las responsabilidades de los Estados en la reparación de las injusticias cometidas durante el colonialismo.
Historiadores y juristas destacan que este caso no es aislado. En muchos países, las poblaciones indígenas han sido víctimas de políticas de esterilización, marginación y asimilación forzada. Por ello, el gesto de Frederiksen podría convertirse en un precedente para otras naciones europeas que enfrentan demandas similares.
En Groenlandia, donde la identidad inuit sigue siendo parte esencial de la vida social y cultural, el reconocimiento oficial representa un acto de validación. Sin embargo, los daños siguen presentes: generaciones enteras de mujeres no pudieron formar familias debido a estas prácticas coercitivas.
Un futuro con memoria y responsabilidad
El gobierno danés se ha comprometido a continuar investigando y colaborando con las autoridades de Groenlandia para esclarecer cada caso y brindar apoyo a las víctimas. No obstante, las asociaciones de mujeres inuit insisten en que las disculpas deben ir acompañadas de acciones concretas que incluyan compensaciones, programas de salud mental y garantías de no repetición.
La memoria de lo sucedido busca no solo justicia para las víctimas, sino también un recordatorio de que la autonomía de los pueblos indígenas debe ser respetada en todos los ámbitos, desde la política hasta la medicina. La lección más importante que deja este episodio es que el perdón es un inicio, pero la reparación requiere compromiso a largo plazo.
El perdón de Dinamarca a las mujeres inuit de Groenlandia marca un hito en el reconocimiento de violaciones históricas a los derechos humanos. Lo ocurrido entre 1960 y 1992 refleja la vulnerabilidad de las comunidades indígenas frente a políticas de control impuestas desde el poder colonial. Aunque el gesto de la primera ministra es relevante, el verdadero reto será transformar esa disculpa en acciones de justicia y reparación que devuelvan dignidad a las víctimas y fortalezcan la confianza entre Groenlandia y Dinamarca.


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