Desde su regreso a la Casa Blanca, Donald Trump ha sido claro: cumplirá cada promesa hecha durante su campaña. Entre sus principales acciones se encuentran el endurecimiento de las políticas migratorias, con un muro fronterizo que ha vuelto casi impenetrable, y la declaración de los cárteles mexicanos como organizaciones terroristas, lo que podría tener graves implicaciones para México.
Estas acciones han generado tensión, pero también llamados a la unidad nacional. Durante su participación en el Foro de Davos, Trump aseguró que la relación con México “va muy bien”, aunque sus políticas parecen indicar lo contrario.
El impacto en la política interna mexicana
En México, las reacciones ante estas medidas han dividido a las fuerzas políticas. Mientras el oficialismo ha convocado a la unidad nacional, las críticas hacia quienes no responden rápidamente a este llamado han generado controversia. Un ejemplo es la reciente declaración del presidente de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados, Sergio Gutiérrez Luna, quien calificó a la bancada del PRI como “traidores a la Patria”.
El líder del PRI, Alejandro Moreno Cárdenas, respondió con firmeza, señalando que “no es momento de divisiones, sino de una postura firme e inteligente en política exterior para sentar las bases de una relación próspera con Estados Unidos y Canadá”.
La herencia de la estrategia “abrazos, no balazos”
Uno de los puntos más criticados en este contexto es la estrategia de seguridad implementada durante el sexenio anterior, conocida como “abrazos, no balazos”. Aunque buscaba reducir la violencia mediante el diálogo y programas sociales, ha sido señalada como una de las causas del endurecimiento de las medidas estadounidenses, particularmente en el tema de los cárteles y la seguridad fronteriza.
Con Trump en el poder, esta estrategia se percibe como débil ante los desafíos de seguridad que ambos países enfrentan.
La unidad nacional: ¿clave para enfrentar los retos?
Ante estas circunstancias, la unidad nacional es una necesidad evidente. Sin embargo, la política exterior mexicana debe ser reconfigurada para responder a la realidad actual. Esto incluye fortalecer las relaciones bilaterales mediante una postura firme y negociaciones inteligentes que beneficien a ambas naciones.
Aunque el panorama es complejo, no es imposible. Como señaló Moreno Cárdenas, una relación próspera con Estados Unidos requiere de innovación y capacidad para negociar al más alto nivel.
¿Qué sigue para México?
El reto es inmenso. La presencia de Donald Trump en la Casa Blanca marca una etapa complicada para México, tanto en términos de política exterior como de seguridad. Sin embargo, con unidad y estrategias bien pensadas, es posible minimizar los impactos negativos y aprovechar las oportunidades que surjan.
El llamado es claro: es momento de dejar de lado las divisiones internas y trabajar juntos para garantizar que México siga siendo un socio clave en la región.
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