México ante la amenaza arancelaria de Trump: ¿estamos preparados?

México ante la amenaza arancelaria de Trump: ¿estamos preparados?

Desde el primer día de su nueva administración, Donald Trump dejó claro que el comercio con México y Canadá está en la mira de su política proteccionista. Su mensaje ha sido directo: si no hay cooperación en la lucha contra el fentanilo y la migración ilegal, habrá aranceles.

La fecha clave, el 1 de febrero de 2025, ha sido marcada como el límite para que México y Canadá presenten acciones concretas en estos temas. Sin embargo, a días de este plazo, la respuesta del gobierno mexicano parece marcada por la pasividad.

Las Secretarías de Economía y Relaciones Exteriores deberían estar desplegando una estrategia clara y contundente para anticiparse a una medida que podría afectar miles de millones de dólares en exportaciones. Pero, hasta ahora, no se han presentado acciones proactivas, ni se ha planteado un plan de contingencia visible.

Mientras tanto, Omar García Harfuch, secretario de Seguridad Pública, parece ser el único dentro del gabinete que ha tomado en serio la advertencia estadounidense, actuando con discreción y sin estridencias.

El problema es claro: México no tiene margen de negociación real. Trump ha demostrado que está dispuesto a actuar sin previo aviso. El reciente choque con el presidente colombiano Gustavo Petro, quien tuvo que ceder ante las presiones comerciales y migratorias de Washington, es una prueba de ello.


El impacto económico de los aranceles: ¿cuánto perdería México?

La industria automotriz y manufacturera, que representa un pilar del comercio bilateral entre México y Estados Unidos, sería de las más afectadas por la posible imposición de aranceles. General Motors ya advirtió que podría mover parte de su producción fuera de México si la amenaza de Trump se concreta.

El sector agroalimentario también está en riesgo. México exporta anualmente más de 40 mil millones de dólares en productos agrícolas a Estados Unidos, incluyendo aguacates, jitomates y cerveza. Cualquier arancel podría elevar los precios y reducir la competitividad de estos productos en el mercado estadounidense.

La imposición de aranceles no solo afectaría a los exportadores, sino que también podría generar una reacción en cadena en la economía mexicana:

  • Pérdida de empleos en sectores clave.
  • Incremento en la inflación por el encarecimiento de productos importados.
  • Disminución de la inversión extranjera ante un entorno incierto.

El peor error que México podría cometer sería subestimar la seriedad de la amenaza.


¿Cómo debería responder México? Opciones estratégicas

La estrategia de México no debe ser la confrontación, sino el pragmatismo. Aquí algunas acciones que podrían mitigar el impacto de una posible guerra comercial con Estados Unidos:

  1. Reforzar la cooperación en seguridad
    • Un mayor trabajo conjunto con la DEA y otras agencias estadounidenses para frenar el tráfico de fentanilo.
    • Fortalecer los operativos fronterizos contra redes de narcotráfico sin comprometer la soberanía nacional.
  2. Diversificar mercados de exportación
    • Acelerar acuerdos comerciales con la Unión Europea y Asia para reducir la dependencia del mercado estadounidense.
    • Incrementar la inversión en infraestructura portuaria y logística para fortalecer el comercio con otras regiones.
  3. Negociar incentivos para las empresas afectadas
    • Proteger a las industrias nacionales mediante estímulos fiscales y programas de financiamiento.
    • Explorar acuerdos bilaterales con sectores estratégicos para mantener la competitividad.
  4. Construir una postura diplomática fuerte, pero sin confrontaciones
    • Evitar caer en provocaciones y discursos nacionalistas que solo exacerben las tensiones.
    • Apostar por el diálogo directo con la administración de Trump para buscar acuerdos parciales que minimicen daños.

México no puede darse el lujo de improvisar

El escenario es claro: la amenaza de Trump no es retórica vacía, es una advertencia real. Si México no actúa con rapidez y estrategia, las consecuencias económicas y sociales podrían ser devastadoras.

No se trata de ceder ni de claudicar en principios, sino de ser inteligentes en la negociación y anticiparse a un posible golpe comercial.

Si la 4T continúa en un estado de aparente calma, confiando en que Trump no cumplirá sus advertencias, el costo para el país podría ser alto.

Es momento de actuar con pragmatismo y estrategia, no con retórica vacía. El reloj sigue corriendo.

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