Una celebración de luz que terminó en oscuridad
Chang U, un pequeño municipio en el corazón de Birmania, se preparaba para una de las noches más esperadas del año: la Fiesta de las Luces, una tradición budista que marca el fin de la cuaresma.
Las calles estaban llenas de velas, familias enteras se habían reunido, y la esperanza de tiempos mejores brillaba entre los rezos. Pero cuando el reloj marcó las siete de la noche, la celebración se transformó en un infierno.
Desde el cielo, un parapente motorizado apareció sobre la multitud. Lo que parecía un simple ruido mecánico se convirtió en el presagio del horror: el ejército birmano lanzó bombas sobre miles de personas indefensas que se manifestaban pacíficamente contra la junta militar.
Los testigos relatan escenas desgarradoras. “La gente sostenía velas y un minuto después estaban en el suelo, hechos pedazos. Había niños completamente destrozados”, contó entre lágrimas una de las organizadoras del evento.
La mujer, que pidió el anonimato por temor a represalias, aseguró que apenas un tercio de los asistentes logró huir del ataque.
El silencio roto por la tragedia
Según reportes iniciales, más de 40 personas murieron y al menos 80 resultaron heridas. Sin embargo, Amnistía Internacional, en su comunicado del martes, habló de entre 17 y 20 víctimas mortales confirmadas, señalando que la cifra podría aumentar conforme se recaben más testimonios.
“Esta mañana aún recogimos trozos de cuerpos del suelo”, declaró otro testigo. El horror se extendió hasta los funerales, donde las familias apenas podían identificar a sus seres queridos.
La noche que debía iluminar la paz se convirtió en un símbolo del miedo que domina al país desde el golpe militar de 2021.
Birmania: un país bajo fuego constante
Desde que la junta militar tomó el poder, Birmania vive una de las etapas más oscuras de su historia reciente. Las protestas civiles son respondidas con violencia desmedida, y las organizaciones de derechos humanos han documentado cientos de ataques contra civiles, templos y aldeas enteras.
Chang U no es un caso aislado. Los bombardeos aéreos se han vuelto parte de la estrategia de represión del ejército birmano, que busca sofocar cualquier expresión de resistencia.
Los grupos pro democracia denuncian que se trata de una política sistemática para sembrar el terror entre la población.
Amnistía Internacional exige rendición de cuentas
Amnistía Internacional condenó el ataque y exigió una investigación independiente. “El uso de fuerza letal contra civiles durante una celebración religiosa es una violación flagrante del derecho internacional”, afirmó la organización.
La comunidad internacional, sin embargo, ha mostrado una respuesta tibia. Mientras los países vecinos priorizan sus relaciones económicas y fronterizas con la junta, las víctimas continúan esperando justicia.
En Birmania, la esperanza parece resistir solo en los rezos que quedaron inconclusos aquella noche.
Luz entre las ruinas
A pesar de la devastación, los sobrevivientes encendieron velas al amanecer. En silencio, honraron a los muertos y reafirmaron su fe. La Fiesta de las Luces, aunque bañada en sangre, sigue siendo un símbolo de resistencia.
“Seguiremos encendiendo nuestras velas cada año, aunque ellos intenten apagarlas”, dijo una anciana que perdió a su hija en el ataque.
Su voz se convirtió en eco de todo un pueblo que se niega a rendirse ante la oscuridad impuesta por la dictadura.
Birmania llora, pero también resiste. En cada llama encendida, en cada oración susurrada, arde la esperanza de que algún día la luz vuelva a iluminar sin miedo sus noches.


TE PODRÍA INTERESAR