El gobierno de Filipinas ha lanzado una audaz «iniciativa de transparencia», documentando y difundiendo sistemáticamente las acciones agresivas de China en el Mar de China Meridional. Esta táctica ha provocado una condena internacional y ha puesto a Pekín a la defensiva.
En un giro estratégico que redefine las disputas territoriales en la era digital, Filipinas ha intensificado su campaña para exponer lo que denomina la agresión de China en el disputado Mar de China Meridional. Bajo la administración del presidente Ferdinand Marcos Jr., Manila ha adoptado una «iniciativa de transparencia», una política que consiste en invitar a periodistas filipinos y extranjeros a bordo de sus buques de la guardia costera y la marina para que documenten y difundan al mundo las acciones de Pekín en tiempo real.
Esta estrategia ha arrojado resultados impactantes. En los últimos meses, el mundo ha sido testigo de imágenes y videos verificados que muestran a buques de la Guardia Costera china empleando tácticas cada vez más peligrosas. Estas incluyen el uso de cañones de agua contra barcos filipinos, la realización de maniobras de bloqueo y la embestida deliberada de embarcaciones que intentan llevar a cabo misiones de reabastecimiento humanitario a los soldados filipinos estacionados en el BRP Sierra Madre, un buque encallado deliberadamente en el atolón Second Thomas Shoal para servir como puesto de avanzada.
Estos actos, que según Estados Unidos ponen en peligro la vida de los marineros filipinos y amenazan la paz y la estabilidad regionales, ya no ocurren en la oscuridad. La presencia de medios de comunicación ha transformado cada enfrentamiento en un evento mediático global, obligando a la comunidad internacional a tomar una postura.
El Apoyo Inesperado que Cambia el Juego
La efectividad de esta táctica de «guerra de información» basada en hechos se ha visto validada por un apoyo internacional sin precedentes, proveniente de lugares inesperados. La Ministra de Defensa de Lituania, Dovilė Šakalienė, en una declaración contundente, afirmó que la campaña filipina «destroza la ilusión de que China es un vecino pacífico y amistoso».
«No hay nada de pacífico cuando ves cañones de agua siendo usados contra pescadores pacíficos y no hay nada de pacífico en embestir los barcos de Filipinas en las aguas territoriales de Filipinas», declaró Šakalienė.
La intervención de un país báltico, que también enfrenta la presión de una superpotencia autoritaria vecina, es altamente significativa. Eleva el conflicto de una mera disputa territorial a un enfrentamiento de principios en el escenario global. Šakalienė advirtió sobre la formación de un «bloque autoritario emergente» compuesto por China, Rusia, Irán y Corea del Norte, e instó a las democracias del mundo a unirse para contrarrestarlo.
La Postura de las Potencias y la Reacción China
Estados Unidos, el aliado más antiguo de Filipinas en Asia, ha reiterado su compromiso «férreo». Funcionarios estadounidenses han reafirmado que el Tratado de Defensa Mutua de 1951 se aplica a los ataques armados contra las fuerzas armadas, buques públicos o aeronaves filipinas, incluidas las de su Guardia Costera, en cualquier lugar del Mar de China Meridional. Washington también respalda la decisión del tribunal de arbitraje de La Haya de 2016, que invalidó las reclamaciones históricas de China sobre la mayor parte del mar, un fallo que Pekín rechaza categóricamente.
La reacción de China ha sido predeciblemente desafiante. Pekín culpa a Filipinas de instigar los enfrentamientos y de violar acuerdos previos. Además, ha impuesto sanciones al exsenador filipino Francis Tolentino por sus críticas a la agresión china, una medida que la ministra lituana Šakalienė calificó como el «método de operación habitual» de Pekín: «presión, coerción y amenazas».
La estrategia filipina representa una evolución notable en la guerra asimétrica. En lugar de competir militarmente, donde la desventaja es evidente, Manila está librando una batalla por la narrativa global, utilizando la verdad verificada como su principal arma. Al ceder el control de la historia a medios de comunicación independientes y creíbles, convierte cada acto de agresión de China en un costo diplomático y de reputación insostenible para Pekín.


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