A menos de una semana de que entre en vigor un arancel del 50 % a productos brasileños, el presidente Luiz Inácio Lula da Silva lanzó un mensaje directo a Donald Trump: “Brasil no aceptará sanciones impuestas de forma abrupta e individual”. Fue en Río de Janeiro donde Lula, con tono firme y apelando al orgullo nacional, instó al mandatario estadounidense a reflexionar y abrir canales de diálogo.
Este nuevo capítulo en las tensas relaciones entre Brasil y Estados Unidos no se explica solo en términos económicos. Detrás del arancel, Trump ha dejado claro que su decisión está motivada por el trato que el gobierno brasileño está dando al expresidente Jair Bolsonaro, hoy juzgado por supuestamente intentar frenar la asunción de Lula mediante un golpe de Estado.
“No vamos a negociar ni con nuestra soberanía ni con las decisiones del Poder Judicial”, dijo Lula, visiblemente molesto. Y es que las acusaciones que enfrenta Bolsonaro —impulsadas por la Fiscalía brasileña— han despertado una reacción internacional, particularmente en sectores alineados con el exmandatario.
El trasfondo: Bolsonaro, los minerales y la geopolítica
El gobierno de Estados Unidos, según una carta publicada por Trump en sus redes sociales, considera desproporcionado el tratamiento judicial hacia Bolsonaro. Pero para Lula, lo que está en juego va mucho más allá de un caso político. Se trata de proteger los intereses nacionales, incluidos los recursos minerales del país.
Durante su intervención, Lula hizo una defensa enérgica de la soberanía sobre los minerales críticos que abundan en territorio brasileño y que resultan esenciales para la tecnología de punta. “Si son tan importantes, los vamos a aprovechar nosotros. No voy a dejar que otros lo tomen”, sentenció.
Brasil ha iniciado una asociación con el sector privado para inventariar sus reservas minerales, de las cuales apenas se conoce un 30 %. Sin embargo, Lula dejó claro que las concesiones para exploración no otorgan derechos de venta sin autorización estatal.
Este mensaje va dirigido a Washington, que ha mostrado interés en dichos minerales, según declaraciones de su encargado de negocios en Brasil. La postura de Lula es firme: ni el litio, ni el niobio, ni ningún otro mineral estratégico será negociado sin condiciones.
Diálogo interrumpido y riesgo de aislamiento
A pesar de los intentos diplomáticos de Brasil, no se ha logrado una nueva ronda de diálogo con Estados Unidos. La última contrapropuesta enviada en mayo no recibió respuesta. La incertidumbre crece entre los exportadores brasileños, que temen perder competitividad si el arancel entra en vigor este 1 de agosto.
Lula concluyó su mensaje apelando a la responsabilidad de ambas potencias: “El pueblo brasileño no merece ser sacrificado por disputas políticas. Merece respeto, comercio justo y soberanía”.
El conflicto comercial entre Brasil y Estados Unidos se ha convertido en una disputa geopolítica, ideológica y estratégica. Lula busca defender no solo el comercio de su país, sino su dignidad ante decisiones unilaterales. Mientras el reloj avanza, la pregunta es: ¿habrá diálogo antes del 1 de agosto, o se desatará una guerra comercial de consecuencias imprevisibles?
