Una serie de sismos ha puesto en alerta máxima a Lima y Callao. Expertos advierten sobre el «silencio sísmico» de casi 300 años. Descubre por qué cada temblor es un recordatorio de una amenaza latente.
Una ciudad en vilo. Lima y Callao viven días de angustia tras una serie de sismos que, aunque de baja magnitud, han reavivado el temor colectivo al «gran terremoto». El último, de 3.7 grados, sacudió la capital en la madrugada de este martes, sumándose a una seguidilla que tiene a la población en alerta.
No es la magnitud, es la frecuencia. Esa es la sensación que recorre a los más de 10 millones de habitantes de Lima y Callao. En menos de 72 horas, la tierra ha temblado en repetidas ocasiones, frayando los nervios de una población que vive sobre una bomba de tiempo geológica. La seguidilla de sismos ha convertido la ansiedad en la emoción dominante.
La cronología del miedo comenzó el domingo y no ha dado tregua:
* Domingo, Día del Padre: Un fuerte sismo de magnitud 6.1 sacudió la capital poco antes del mediodía. El pánico se apoderó de centros comerciales y viviendas, y lamentablemente se cobró una vida por el colapso de un muro.
* Lunes: La calma fue interrumpida por una réplica de magnitud 4.2 que, aunque menor, renovó la alarma y obligó a evacuaciones preventivas.
* Martes de madrugada: A las 00:31 horas, un nuevo temblor, esta vez de magnitud 3.7 con epicentro cerca de Ancón, volvió a despertar a los limeños, confirmando que la actividad sísmica sigue activa.
La Ciencia Detrás del Miedo: El «Silencio Sísmico»
Para los expertos del Instituto Geofísico del Perú (IGP), estos eventos no son una sorpresa, sino un recordatorio urgente. Advierten que Lima vive un prolongado «silencio sísmico»; no ha ocurrido un terremoto de gran magnitud desde el devastador sismo de 1746. Lejos de ser una buena noticia, esto significa que una enorme cantidad de energía se ha acumulado en las placas tectónicas durante casi 300 años y, tarde o temprano, deberá ser liberada.
La ciencia pone en cifras el riesgo latente. Según estimaciones del propio IGP y de Defensa Civil, un alarmante 80% de las viviendas en Lima no están construidas para resistir un sismo de gran magnitud, lo que anticipa un escenario potencialmente catastrófico.
La historia, por tanto, no es sobre los pequeños daños materiales de estos últimos temblores. Es sobre el impacto psicológico que generan en una población consciente de su vulnerabilidad. Cada remezón es un ensayo, un avance del evento principal que la ciencia asegura que llegará. Esta sensación de vivir en tiempo prestado transforma un reporte geológico en una crónica de miedo colectivo y una llamada desesperada a la prevención.
«Sentimos que todo se venía abajo.» – Testimonio de un residente del Callao tras el sismo de 6.1.
El Llamado Urgente a la Preparación
Ante este panorama, las autoridades han intensificado su llamado a la acción. No se trata de generar pánico, sino de fomentar una cultura de prevención que puede salvar vidas. Las recomendaciones son claras y directas:
* Tener lista la «mochila de emergencia»: Debe contener agua, alimentos no perecibles, un botiquín, linterna y radio a pilas.
* Establecer un plan familiar: Definir rutas de evacuación, puntos de encuentro seguros y roles para cada miembro de la familia.
* Identificar zonas seguras: Tanto dentro de casa (lejos de ventanas y objetos que puedan caer) como en el exterior.
* Participar en los simulacros: Los ejercicios organizados por las autoridades son vitales para saber cómo reaccionar.
Esta serie de sismos no es una anécdota. Es el más serio de los avisos. La pregunta que queda flotando en el aire de Lima no es si ocurrirá el gran terremoto, sino cuándo, y si sus ciudadanos estarán preparados para enfrentarlo.
