La UE impulsa una «autonomía estratégica» y un rearme sin precedentes ante las amenazas de Donald Trump de imponer aranceles si no se aumenta el gasto en defensa. Descubre el impacto
En un clima de creciente tensión transatlántica, los líderes de la Unión Europea aceleran un plan de rearme y «autonomía estratégica», mientras la Comisión Europea se prepara para defender a España y otros miembros de las amenazas arancelarias del presidente estadounidense Donald Trump, quien exige un drástico aumento del gasto militar.
El Ultimátum de Trump y la Reacción de Bruselas
La relación transatlántica se encuentra en un punto de máxima tensión. La administración del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha lanzado un ultimátum a sus socios europeos: o aumentan drásticamente su inversión en defensa, o se enfrentarán a duras represalias comerciales. Concretamente, Trump ha amenazado con imponer aranceles a países como España si no destinan el 5% de su Producto Interior Bruto (PIB) al gasto militar, una cifra que más que duplica el objetivo del 2% acordado previamente en el seno de la OTAN.
La respuesta desde Bruselas ha sido de firmeza. La Comisión Europea ha asegurado públicamente que está preparada para «defender a España» y a cualquier otro estado miembro que se vea afectado. Un portavoz de la Comisión ha recordado un principio fundamental del derecho comunitario: la política comercial es una competencia exclusiva de la Unión Europea. Por lo tanto, Washington no puede negociar aranceles de forma bilateral con un país miembro. La tensión es palpable, especialmente con la fecha límite del 9 de julio, día en que expira la tregua en la «guerra arancelaria» entre la UE y EE.UU., acercándose rápidamente.
El Nuevo Paradigma Europeo: «Autonomía Estratégica» y Rearme
La presidencia de Trump, junto con la invasión rusa de Ucrania, ha actuado como un poderoso catalizador para un cambio de paradigma histórico en la Unión Europea. El concepto de «autonomía estratégica», que durante años fue una idea abstracta debatida en los pasillos de Bruselas, se ha convertido de repente en la piedra angular de un nuevo y ambicioso proyecto europeo. Este proyecto se fundamenta en una militarización y una reindustrialización del sector de la defensa sin precedentes.
«La UE ha avanzado más en materia de seguridad y defensa común en seis días que en las últimas dos décadas», afirmó la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, tras el inicio del conflicto en Ucrania, aludiendo al desbloqueo de fondos comunitarios para la compra de armamento.
En la última cumbre de la OTAN, los líderes acordaron una nueva y ambiciosa meta de gasto que desglosa un 3,5% del PIB en defensa y un 1,5% adicional en seguridad interior y resiliencia nacional. Este impulso no solo responde a la amenaza directa de Rusia, sino también a la competencia estratégica a largo plazo con China y, crucialmente, a la creciente percepción de que Estados Unidos ya no es un garante incondicional y fiable de la seguridad europea.
Divisiones Internas y el Debate sobre el Gasto
A pesar del impulso general, no todos los miembros de la UE y la OTAN comparten el mismo nivel de entusiasmo. Países como España se han mostrado reticentes a comprometerse con el objetivo del 5%, negociando una senda de gasto más moderada que parte de un 2,1% del PIB.
Por otro lado, los «halcones» de la Alianza, como Italia, Alemania y el Reino Unido, insisten en la necesidad de cumplir con las nuevas metas. Argumentan que es una cuestión de «defensa colectiva» y de un reparto más justo de la carga con Estados Unidos. Este debate interno revela las diferentes percepciones de amenaza y prioridades económicas dentro del bloque. Además, este nuevo enfoque en la industria de defensa choca frontalmente con los objetivos climáticos de la UE. La carrera armamentística consume materiales escasos y críticos que también son esenciales para la transición ecológica, creando lo que algunos analistas ya denominan la paradoja del «Pacto Verde Militar».
El objetivo final de este proceso es la consolidación de una «Europa-potencia», menos dependiente y más asertiva. Sin embargo, el camino está plagado de riesgos, principalmente el de una guerra comercial total con su principal aliado histórico si la diplomacia fracasa.
