La vida en Tel Aviv transcurre en una extraña normalidad, donde las terrazas de los cafés conviven con el sonido de las sirenas antiaéreas. Esta es la crónica de la vida bajo la sombra de los misiles iraníes y el estrés psicológico de una calma que puede romperse en segundos.
En las bulliciosas calles de Tel Aviv, los cafés están abiertos, la gente pasea por el bulevar Rothschild y el sonido de las olas del Mediterráneo se mezcla con el tráfico de la ciudad. A primera vista, la vida parece seguir su curso con una normalidad desafiante. Pero es una falsa calma. Una normalidad frágil que puede hacerse añicos en cualquier momento por el sonido de una sirena y la amenaza que llega desde el cielo.
Esta es la realidad diaria de los israelíes en la capital económica del país, una de las ciudades más protegidas del planeta, pero también uno de los principales objetivos de los misiles iraníes. A pesar de que el sistema de defensa aérea de Israel intercepta más del 90% de los proyectiles, el 10% que se cuela es suficiente para mantener a la población en un estado de tensión constante.
La Rutina del Terror
La guerra se ha integrado en la vida cotidiana de una forma surrealista. La rutina es conocida por todos: suena la sirena, las aplicaciones de alerta en los móviles vibran y se dispone de entre 60 y 90 segundos para correr al «mamad», la habitación segura reforzada presente en la mayoría de los apartamentos modernos, o a un refugio público.
Luego viene la espera, acompañada por los «booms» sordos y lejanos de las interceptaciones de la Cúpula de Hierro. Y después, el silencio tenso antes de que las autoridades den el visto bueno para salir. Es una coreografía macabra que se repite día y noche.
El peligro es real y tangible. En los últimos días, un misil iraní impactó contra un autobús vacío en el área metropolitana de Tel Aviv, afortunadamente sin causar heridos. Pero en la cercana ciudad de Bat Yam, otro misil sí encontró su objetivo: un edificio residencial, donde murieron seis personas y varias más quedaron atrapadas bajo los escombros. La policía de Tel Aviv ha reportado constantemente la caída de metralla en distintas zonas de la ciudad.
La Erosión Psicológica de la Superioridad Tecnológica
El gobierno israelí, liderado por el primer ministro Benjamín Netanyahu, proyecta una imagen de fuerza y control, prometiendo que Irán «pagará un alto precio». Y en gran medida, la tecnología defensiva funciona. Pero el impacto de esta guerra no se mide solo en daños materiales, sino en el desgaste psicológico.
«Escuchamos los estruendos de la intercepción. Sabes que estás protegido, pero siempre piensas… ¿y si el próximo no lo paran?», comenta un residente de Tel Aviv.
Saber que tu supervivencia depende de un complejo sistema informático que debe funcionar a la perfección cada vez, genera una forma única de estrés. La superioridad tecnológica de Israel ha creado un escudo físico, pero también ha erosionado el dividendo psicológico de la seguridad. La vida continúa, sí, pero bajo la sombra constante de los misiles, en una falsa calma donde la paz es solo el breve intervalo entre una sirena y la siguiente.


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