Una profunda y estratégica reconfiguración está en marcha en las cadenas de suministro globales. Impulsadas por las tensioniones comerciales y el riesgo geopolítico, las empresas ya no apuestan todo a China, dando lugar a la estrategia «China+1» que está coronando a nuevos reyes económicos en Asia.
El modelo económico que definió las últimas tres décadas, con China como el epicentro indiscutible de la manufactura global, está experimentando una transformación tectónica. La persistente guerra comercial entre Estados Unidos y China, junto con la creciente necesidad de las empresas de diversificar riesgos, ha dado origen a una nueva doctrina empresarial: la estrategia «China+1». Este cambio no solo está alterando los flujos comerciales, sino que está redibujando el mapa económico de Asia y del mundo.
¿Qué es la Estrategia «China+1»?
Lejos de ser un abandono masivo de China, la estrategia «China+1» consiste en una diversificación inteligente. Las empresas multinacionales mantienen una parte significativa de sus operaciones en China para abastecer su vasto mercado interno, pero establecen una segunda base de producción («plus one») en otro país asiático. El objetivo es doble: construir cadenas de suministro más resilientes y eludir los aranceles impuestos en el marco de la disputa comercial entre Washington y Pekín.
Lo que comenzó como una solución temporal en 2018 para sortear aranceles se ha convertido en un cambio estratégico permanente, consolidado por la necesidad de reducir la dependencia de un solo país en un mundo cada vez más incierto.
ASEAN: El Corazón de la Nueva Geografía Económica
El principal beneficiario de esta reconfiguración ha sido el bloque de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN). La región ha registrado un crecimiento del PIB notablemente superior a la media mundial, impulsado directamente por la llegada de nuevas inversiones y fábricas.
Pactos comerciales como la Asociación Económica Integral Regional (RCEP), el bloque comercial más grande del mundo, han sido fundamentales para facilitar esta transición, integrando las cadenas de suministro y reduciendo barreras comerciales entre los países miembros.
Dentro de la ASEAN, un país destaca por encima de todos: Vietnam. Se ha convertido en el «poster child» de la estrategia «China+1», atrayendo una avalancha de inversión extranjera directa, especialmente en el sector de la electrónica. Empresas como Samsung, Intel y los principales proveedores de Apple han establecido operaciones a gran escala en el país, provocando un crecimiento acelerado de sus exportaciones de productos electrónicos.
Las grandes potencias no son ajenas a este cambio. Estados Unidos y sus aliados del G7 han lanzado iniciativas como la Asociación para la Inversión en Infraestructura Global (PGII) para ofrecer una alternativa a la Iniciativa de la Franja y la Ruta (BRI) de China.
Un ejemplo concreto es el Corredor Económico de Luzón en Filipinas, el primer proyecto del PGII en el Indo-Pacífico. Su objetivo es canalizar inversiones en infraestructura y desarrollo industrial para fortalecer las cadenas de suministro en sectores críticos como los semiconductores y la energía limpia, y así contrarrestar la influencia china.
Sin embargo, esta nueva geografía económica crea también nuevas vulnerabilidades. A medida que países como Vietnam se vuelven cruciales para las cadenas de suministro con destino a Estados Unidos (casi un tercio de sus exportaciones van a EE.UU.), se convierten en un nuevo frente en la guerra comercial. La solución de ayer podría ser el problema de mañana, ya que su creciente superávit comercial con Washington los pone en el punto de mira para futuros aranceles. Estos países no son simplemente refugios seguros, sino que ahora deben navegar las peligrosas aguas de la rivalidad entre las dos mayores economías del mundo.


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