En las calles de Teherán, el régimen iraní escenifica una victoria heroica con funerales masivos para sus «mártires». Pero en las sombras, se libra otra guerra: una purga silenciosa contra su propio pueblo para aplastar la disidencia y ocultar un humillante fracaso de seguridad.
El régimen de la República Islámica de Irán es un maestro de la propaganda, y tras la «Guerra de 12 días» con Israel, su maquinaria funciona a pleno rendimiento. Hacia el exterior, proyecta una imagen de desafío y victoria. Hacia el interior, desata una ola de represión que revela una profunda paranoia y debilidad. Esta es la historia de la doble cara de Irán: la celebración pública y la purga secreta.
El Discurso Oficial: «El Pueblo de Irán es Victorioso»
La narrativa oficial del régimen es inequívoca: Irán ha ganado. Las calles de Teherán se llenaron para los funerales de estado de los comandantes y científicos «mártires», en una masiva demostración de fuerza con multitudes coreando los habituales lemas de «Muerte a América» y «Muerte a Israel».
Los líderes iraníes han reforzado este mensaje. El presidente Masoud Pezeshkian aseguró que la guerra había terminado y que la ofensiva de su país fue una «respuesta defensiva» a la agresión israelí. El jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas fue más allá, afirmando que Irán «impuso su voluntad a Estados Unidos y al régimen sionista». Incluso sus aliados regionales, como los hutíes en Yemen, celebraron en las calles la «victoria de Irán». Este relato de resistencia heroica es crucial para el régimen, que busca consolidar el apoyo popular tras un periodo de extrema tensión.
La Guerra Interna: Arrestos Masivos y Ejecuciones
Pero detrás de la fachada de unidad y victoria, se esconde una realidad mucho más oscura. Organizaciones de derechos humanos han denunciado una intensificación de la represión interna desde el inicio del conflicto.
El grupo de derechos humanos HRANA (Human Rights Activists News Agency) ha documentado el arresto de al menos 705 personas por «cargos políticos o de seguridad» desde el 13 de junio. La acusación más común, y conveniente para el régimen, es la de espiar para Israel. Esta campaña de detenciones masivas ha ido acompañada de ejecuciones. Se han reportado varias ejecuciones de personas acusadas de espionaje, y organizaciones como Iran Human Rights (IHR) advierten que hay al menos seis más en el corredor de la muerte por cargos similares. La guerra externa ha proporcionado la excusa perfecta para una purga interna.
Un Liderazgo Debilitado y Paranoico
Esta brutal represión no es una señal de fortaleza, sino de todo lo contrario. La «Operación León Naciente» de Israel no solo destruyó infraestructura crítica, sino que también expuso fallos catastróficos en la inteligencia y la seguridad iraníes. El hecho de que el Mossad pudiera operar con «botas sobre el terreno» y asesinar a figuras clave del estamento militar y científico ha generado un clima de «desconfianza» y paranoia en las altas esferas del poder.
«Debe haber algún tipo de purga. Pero, ¿quién la implementará? (…) Este nivel de desconfianza que aparentemente existe ahora va a paralizar cualquier planificación efectiva o revisión de seguridad.» – Hamidreza Azizi, analista del Instituto Alemán de Asuntos Internacionales y de Seguridad.
Esta paranoia podría explicar la notable ausencia del Líder Supremo, el ayatolá Alí Jamenei, de la escena pública desde que comenzó la crisis, alimentando todo tipo de especulaciones sobre su estado y su control del poder. Analistas como los de la Foundation for Defense of Democracies (FDD) sostienen que la ofensiva israelí ha ayudado a que el público se dé cuenta de que el régimen es un «tigre de papel más débil que nunca».
El régimen iraní se enfrenta a una contradicción fundamental. Necesita proyectar victoria para mantener la moral de sus seguidores, pero al mismo tiempo, necesita una excusa para la humillación sufrida. La «caza de espías» le proporciona esa excusa. Al culpar de sus fracasos a una vasta red de traidores internos, puede justificar una purga que elimina a disidentes y críticos, reafirmando su control a través del miedo, todo ello envuelto en la bandera del nacionalismo herido. La paz ha llegado al frente exterior, pero para muchos iraníes, la verdadera guerra acaba de empezar.


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