Jeff Bezos se casa en Venecia: lujo, protestas y una ciudad dividida
Venecia, la ciudad de los canales, fue testigo de un evento tan fastuoso como controversial: la boda del magnate Jeff Bezos con la expresentadora Lauren Sánchez, celebrada este viernes entre palacios renacentistas, islas privadas, serenatas y seguridad reforzada. La ceremonia, cargada de glamour y figuras influyentes, encendió una polémica en la ciudad que, ya saturada por el turismo, intenta mantener un frágil equilibrio entre su legado cultural y su rentabilidad como destino de lujo.
Una semana de festejos que costó millones y paralizó canales
La celebración no fue un evento común. Durante una semana, los recién casados ocuparon lo mejor de Venecia: superyates, palacios, cenas privadas y exclusividad absoluta. El Ministerio de Turismo cifró el gasto directo en más de 28 millones de euros solo en servicios relacionados con la boda. A eso se suman estimaciones de hasta 1,000 millones de euros en visibilidad mediática, aunque esta cifra, admiten, necesita verificación empírica.
La isla de San Giorgio Maggiore fue el epicentro del intercambio de votos. En un anfiteatro al aire libre, con vista a la Plaza de San Marcos, la pareja fue serenada por Matteo Bocelli, hijo del tenor Andrea Bocelli. Según la prensa italiana, Lauren Sánchez lució hasta 27 vestidos distintos durante las celebraciones, mientras que Bezos no escatimó en ningún detalle.
Famosos, exclusividad y un «pequeño Montecarlo» en la laguna
Entre los invitados se encontraban Kim Kardashian, Leonardo DiCaprio, Oprah Winfrey, Ivanka Trump y la reina Rania de Jordania. El hotel Aman, donde se hospedó la pareja, reportó ocupación total con tarifas mínimas de 2,000 euros por noche.
Para algunos locales, como el comerciante Samuel Silvestri, esta boda le da a Venecia un perfil similar al de Montecarlo, atrayendo a una élite global que gasta, consume y deja huella. «Esto sí genera dinero», dijo. Para otros, representa un nuevo paso hacia la privatización de una ciudad que se hunde entre turistas y celebridades.
Protestas: “Venecia no está en venta”
Pero no todos celebraron. Activistas del colectivo «No space for Bezos» salieron a las calles con pancartas que decían: “Venecia no está en venta”. Denuncian el impacto ambiental de la boda y el uso excesivo de recursos públicos para un evento privado. Grupos como Extinction Rebellion también manifestaron, reclamando que el evento es una burla en medio de la crisis climática.
Las autoridades negaron haber aplicado refuerzos de seguridad más allá de lo habitual, aunque hubo cierres de canales, controles estrictos y presencia policial visible. Alice Bazzoli, activista de 24 años, denunció represión y acusó al evento de ser una fachada mediática para disfrazar el colapso ecológico de Venecia.
El otro lado de la moneda: donaciones y promesas
Para intentar equilibrar la balanza, Jeff Bezos donó tres millones de euros a una organización dedicada a la protección de la laguna, a la Universidad Internacional de Venecia y a la UNESCO. El presidente regional Luca Zaia defendió la boda asegurando que “el 80% del gasto tuvo impacto directo en la economía local”.
Aun así, las críticas persisten: el perfil de Bezos despierta desconfianza por su inmensa fortuna, el trato a los trabajadores de Amazon y el daño ambiental vinculado a su empresa aeroespacial Blue Origin. Greenpeace señaló que muchos invitados llegaron en jets privados, en medio de un contexto donde la ciudad sufre con el aumento del nivel del mar y el exceso de visitantes.
¿Un símbolo de amor o una señal de desigualdad?
La boda de Jeff Bezos fue mucho más que un acto íntimo. Se transformó en un espejo de las tensiones del mundo moderno: la concentración de la riqueza, el impacto del turismo masivo, la crisis climática, y la lucha de las ciudades por mantener su identidad.
Mientras los medios del mundo compartían imágenes de glamour y lujo, en las calles de Venecia se escuchaba un grito distinto: el de una ciudad que, entre aplausos y protestas, sigue buscando cómo sobrevivir a su propio éxito turístico.


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