El conflicto entre Irán e Israel pone en jaque el Estrecho de Ormuz, por donde pasa el 82% del petróleo de Asia. Impacto directo en la economía mundial.
Un conflicto a miles de kilómetros de distancia entre Irán e Israel amenaza con estrangular la economía de Asia. La creciente hostilidad en el Estrecho de Ormuz, el paso petrolero más importante del mundo, podría cortar el suministro de energía del continente y desatar una crisis global.
Mientras el mundo observa con nerviosismo la escalada de tensiones entre Irán e Israel, una sombra oscura se proyecta sobre el futuro económico de Asia. El epicentro de esta amenaza no es un campo de batalla terrestre, sino una estrecha franja de agua de apenas 33 kilómetros en su punto más angosto: el Estrecho de Ormuz. Este paso marítimo es la arteria por la que fluye la sangre que alimenta los motores industriales de Asia, y ahora, corre el riesgo de ser bloqueada.
El punto de estrangulamiento más importante del mundo
El Estrecho de Ormuz es, sin lugar a dudas, el cuello de botella energético más crítico del planeta. Cada día, aproximadamente 20 millones de barriles de petróleo crudo y otros combustibles transitan por sus congestionadas aguas, donde los carriles de navegación tienen solo dos kilómetros de ancho en cada dirección. Además del petróleo, Qatar, uno de los mayores productores mundiales de gas natural licuado (GNL), depende casi por completo de esta ruta para sus exportaciones, muchas de las cuales se dirigen a Asia.
La importancia de este estrecho es tal que cualquier interrupción, por breve que sea, tiene el potencial de provocar un caos en los mercados energéticos globales.
El talón de aquiles de Asia: una dependencia crítica
El impacto de un posible cierre del Estrecho de Ormuz no se sentiría de manera uniforme en todo el mundo. Sería Asia la que recibiría el golpe más devastador. Según estimaciones de la Administración de Información de Energía de EE.UU. (EIA), un asombroso 82% del petróleo crudo y productos derivados que cruzan el estrecho tiene como destino los mercados asiáticos.
«China, India, Japón y Corea del Sur son los principales receptores, representando juntos casi el 70% del flujo total de crudo y condensados a través del estrecho. En consecuencia, cualquier interrupción del suministro afectaría más duramente a las economías asiáticas.» – Estimación de la EIA.
Esta dependencia extrema revela una vulnerabilidad estratégica fundamental. A pesar de ser potencias económicas, los gigantes industriales de Asia dependen por completo de la estabilidad en el Medio Oriente. Su destino económico, en gran medida, no está en sus propias manos, sino que depende de la paz en una de las regiones más volátiles del mundo.
Las señales de alarma ya están sonando
Aunque Irán no ha cerrado formalmente el estrecho, las señales de peligro son cada vez más evidentes. Teherán ha amenazado en el pasado con tomar esta medida como respuesta a la presión occidental, y la reciente escalada con Israel ha reavivado estos temores.
Las compañías navieras ya están reaccionando con cautela. Fuentes marítimas han informado a Reuters que la interferencia electrónica de los sistemas de navegación de los buques comerciales ha aumentado significativamente en los últimos días. Algunas empresas han reforzado las medidas de seguridad, mientras que otras han cancelado rutas que pasan por la zona.
El impacto económico ya es tangible:
* Aumento de fletes: El costo de transportar combustible desde el Medio Oriente hacia el este de Asia aumentó casi un 20% en solo tres días, según datos de Bloomberg.
* Mercados tensos: Sin una resolución del conflicto a la vista, los mercados permanecen en vilo. Un bloqueo, incluso parcial, podría causar un aumento descontrolado de los precios del crudo, con consecuencias nefastas para las naciones importadoras.
Este escenario expone una realidad incómoda para potencias como China. Mientras Pekín advierte sobre la interferencia de EE.UU. en el Mar de China Meridional, su propia economía puede ser tomada como rehén por eventos en el Golfo Pérsico. Esta vulnerabilidad podría acelerar la búsqueda de China por rutas terrestres alternativas, como la Iniciativa de la Franja y la Ruta, y fortalecer aún más su asociación energética estratégica con Rusia. La crisis en Ormuz es un recordatorio brutal de que en un mundo interconectado, la inestabilidad en una región puede provocar una recesión en todo un continente.


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