«Israel No es el Enemigo»: La Voz Oculta del Pueblo Iraní que Celebra los Ataques

Mientras el régimen iraní llama a la venganza, una realidad sorprendente y silenciada emerge desde sus calles. Testimonios desde dentro de Irán revelan que muchos ciudadanos ven las acciones de Israel no como una agresión, sino como una esperanza de liberación.

En medio del estruendo de los misiles y la retórica bélica de los líderes, una historia ha permanecido oculta, susurrada en las calles de Teherán y Karaj, lejos de las cámaras de la propaganda estatal. Es una narrativa tan poderosa que, de ser comprendida, podría cambiar por completo la percepción del conflicto entre Israel e Irán. No es una historia de odio entre pueblos, sino la crónica de una población que, según informes, ve al agresor de su nación con una mezcla de esperanza y admiración, porque considera que su verdadero enemigo duerme en los palacios de Teherán.

Basado en testimonios filtrados a medios internacionales como The Jerusalem Post, emerge el retrato de una revolución silenciosa, un descontento tan profundo que lleva a los ciudadanos de un país a ver en los ataques de su adversario una posible vía hacia su propia libertad.

«Vemos al Régimen Como Nuestro Enemigo»: El Testimonio que Sacude a Irán

Un informante anónimo, identificado como «M» para proteger su vida, ha ofrecido una visión desde el interior de Irán que desafía todas las narrativas oficiales. «La opinión del pueblo iraní hacia la República Islámica ha cambiado desde hace años», declaró a The Jerusalem Post. «Ven al régimen como su enemigo».

Según «M», la guerra no ha unido al pueblo en torno a sus líderes, sino que ha exacerbado el resentimiento. «[La gente] habla sobre cómo están esperando a que [el líder supremo Ali] Khamenei u otros altos líderes del régimen sean blanco. Creen que esta guerra no solo es el resultado de la mala gestión del régimen, sino que se preguntan: si no podemos derrocar a este régimen nosotros mismos, tal vez Israel los elimine de una vez por todas».

Esta perspectiva representa una fractura total entre el Estado y la sociedad. La guerra, presentada por los ayatolás como una defensa de la soberanía nacional, es percibida por muchos, según este testimonio, como un proyecto personal del régimen para perpetuarse en el poder, impuesto sin el consentimiento del pueblo.

«Hay una felicidad generalizada, esperanza y admiración por las acciones de Israel, particularmente las posturas tomadas por el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu.» – Informante «M» a The Jerusalem Post.

La Guerra del Régimen, no del Pueblo

Esta disonancia cognitiva es la clave para entender la dinámica interna de Irán. Mientras la televisión estatal mostraba imágenes de multitudes en Teherán celebrando el ataque a la base estadounidense en Qatar , «M» asegura que «no hay apoyo para la Guardia Revolucionaria en absoluto. Por el contrario, incluso aquellos que antes permanecían en silencio ahora se han convertido en críticos. Este régimen no tiene partidarios».

El informante describe un sentimiento de alienación total. «La gente sabe que esta guerra no es suya. No tienen enemistad hacia la gente de Israel y ven este conflicto como uno impuesto por el régimen». En un país donde los medios oficiales han pintado a Israel como el «Pequeño Satán» durante décadas, esta admisión es revolucionaria. Sugiere que la propaganda ha perdido su poder y que la gente común ha llegado a sus propias conclusiones, basadas en su experiencia de represión y mala gestión económica. El despliegue masivo de patrullas de seguridad y los arrestos por publicaciones en redes sociales no son vistos como una medida de guerra, sino como una prueba del «miedo del régimen al pueblo iraní».

El Precio de la Verdad: El Dolor de los Civiles Inocentes

Esta narrativa de esperanza, sin embargo, coexiste con una realidad trágica e ineludible: la guerra mata, y las bombas no distinguen entre partidarios y opositores del régimen. Para mantener la objetividad periodística, es crucial equilibrar estos testimonios de disidencia con el costo humano real del conflicto.

Los ataques israelíes, aunque dirigidos a objetivos militares y nucleares, han causado la muerte de cientos de civiles en Irán. Cifras de la ONG HRANA hablan de más de 600 fallecidos, muchos de ellos no combatientes. Familias en Isfahan, Teherán y otras ciudades han perdido a sus seres queridos, atrapados en el fuego cruzado de una guerra que no eligieron.

Del mismo modo, en Israel, los misiles iraníes han llevado el terror a los hogares. El ataque al Hospital Soroka en Beersheba, que atiende a más de un millón de israelíes de todas las religiones, hirió a docenas de personas y dañó una instalación dedicada a salvar vidas. El presidente israelí, Isaac Herzog, lo describió con crudeza: «Un bebé en cuidados intensivos. Una madre junto a su cama… Estos fueron algunos de los objetivos de los ataques con misiles de Irán». La tragedia de los civiles inocentes es una verdad universal que trasciende las fronteras y las lealtades políticas.

Una Revolución Silenciosa que Hierve

El cese al fuego ha llegado, pero la revelación de este profundo descontento interno en Irán puede ser la consecuencia más duradera de la guerra. Muestra a un régimen cuya legitimidad está en su punto más bajo, obligado a proyectar una fuerza al exterior que no posee en el interior.

La guerra no ha fortalecido al régimen de los ayatolás; lo ha expuesto. Ha revelado que su mayor amenaza no es un ejército extranjero, sino el anhelo de libertad de su propio pueblo. «Desde dentro de la República Islámica, una revolución silenciosa hierve», concluye el informante «M». «La gente está esperando, observando y esperando elevarse nuevamente». El mundo ahora observa, preguntándose si las brasas encendidas por esta guerra podrían finalmente iniciar el fuego del cambio desde adentro.

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