Una campaña de ataques de precisión contra el programa nuclear iraní y una brutal respuesta contra civiles desatan el caos. El mundo contiene la respiración ante una guerra total.
La ofensiva israelí contra el programa nuclear de Irán alcanzó un punto crítico esta semana con una campaña de ataques de precisión diseñados para desmantelar sus activos más valiosos. El jueves 19 de junio, las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) ejecutaron un ataque directo contra el reactor de agua pesada de Arak, una pieza central del programa iraní. Apenas un día antes, el 18 de junio, imágenes satelitales confirmaron que la ofensiva ya había comenzado con la destrucción del sitio nuclear de Sanjarían, una instalación clave en el programa de armas nucleares iraní anterior a 2003, conocido como Proyecto Amad, donde cuatro edificios fueron «completamente destruidos».
Israel justificó la audaz campaña como una medida preventiva indispensable para impedir que Teherán alcance la capacidad de construir armas nucleares, una amenaza que considera existencial. El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, enmarcó la ofensiva en términos históricos, declarando que Israel está «cambiando la faz del mundo».
El reactor de Arak, objetivo principal del jueves, es capaz de producir plutonio apto para armas, aunque nunca llegó a estar operativo. Imágenes satelitales posteriores al ataque confirmaron daños devastadores, incluido el colapso de la cúpula del reactor y daños en las torres de destilación cercanas, validando la precisión y el impacto de la operación israelí
La acción recibió un respaldo tácito de las potencias del G7, que reafirmaron su postura de que Irán no debe desarrollar armamento nuclear.
«Dije que estamos cambiando la faz de Oriente Medio, y ahora digo que estamos cambiando la faz del mundo.» – Benjamin Netanyahu, Primer Ministro de Israel.
El Bombardeo al Hospital Soroka: El Terror como Represalia
Horas después, la respuesta de Irán llegó de la forma más indiscriminada posible. Un misil balístico impactó directamente en el Centro Médico Soroka en Beersheba, el complejo hospitalario más grande del sur de Israel. El ataque fue parte de una ofensiva más amplia que dejó un total de 271 heridos en todo el país durante el jueves, cuatro de ellos de gravedad, y que también alcanzó edificios residenciales cerca de Tel Aviv.
Aunque el ala del hospital afectada había sido evacuada previamente como medida de precaución, el ataque causó «daños extensos» y dejó un saldo de 71 personas con heridas leves, principalmente por la onda expansiva y los escombros.
La corresponsal de Sky News en el lugar describió haber visto una columna de humo ascendiendo del edificio y relató los testimonios de testigos que escucharon un «fuerte estruendo», traduciendo el evento geopolítico en una experiencia de terror tangible y humano.
Irán, en un intento por controlar la narrativa, afirmó a través de sus medios estatales que el objetivo real era un cuartel de inteligencia militar de las FDI ubicado en las proximidades del hospital.
El Mundo Contiene la Respiración: Consecuencias Globales Inmediatas
La reacción global a esta escalada ha sido inmediata y se ha sentido directamente en los mercados. El temor a una interrupción del suministro en el Estrecho de Ormuz, la arteria petrolera del mundo, provocó que los precios del petróleo se dispararan un 7% y que las bolsas de valores de todo el mundo se tiñeran de rojo.
Este shock económico fue acompañado de una rápida retirada diplomática y corporativa, reflejando una pérdida de confianza generalizada en la estabilidad de la región:
* Cierres Diplomáticos: Australia anunció la suspensión de operaciones en su embajada en Teherán y aconsejó a sus ciudadanos abandonar el país, citando el deterioro de la seguridad.
* Suspensión de Vuelos: Gigantes de la aviación como United Airlines y American Airlines han suspendido vuelos a Oriente Medio, una decisión comercial que subraya el altísimo riesgo percibido.
* Evacuaciones Masivas: Gobiernos de todo el mundo se apresuran a organizar la evacuación de sus ciudadanos de ambos países, utilizando autobuses, aviones y facilitando cruces fronterizos a pie. La rápida retirada de diplomáticos, la cancelación de rutas aéreas y el pánico en los mercados no son meras precauciones. Son una clara señal de que las agencias de inteligencia y las corporaciones globales, que operan con base en sofisticadas evaluaciones de riesgo, predicen que lo peor aún está por llegar. Es un voto de «no confianza» en la capacidad de ambos bandos para contener el conflicto, una indicación de que el mundo se prepara para una guerra más amplia y destructiva.
