Irán eleva el tono. En la ONU, su embajador justifica la represalia como una «consecuencia» legal a la «declaración de guerra» de Israel. Conoce la estrategia y la retórica iraní que prometen más fuego.
Con una frase calculada para resonar en todo el mundo, Irán ha definido su postura ante la escalada con Israel. No se ven como agresores, sino como los ejecutores de una retribución inevitable. Este es el análisis de su desafiante mensaje y su estrategia de doble audiencia.
En el tenso foro del Consejo de Seguridad de la ONU, mientras el mundo contenía la respiración, Irán articuló su posición con una frase que encapsula su estrategia diplomática y militar: la represalia «no es una amenaza, es la consecuencia». Esta declaración, pronunciada por su embajador, no fue un desliz, sino una pieza de comunicación cuidadosamente calibrada, diseñada para justificar sus acciones ante la comunidad internacional y, al mismo tiempo, prometer una venganza ineludible a su audiencia interna.
La Justificación de la Represalia: «Legítima Defensa»
La narrativa oficial de Teherán es clara: Israel inició las hostilidades con un «acto de agresión ilegal» y una «declaración de guerra» al atacar territorio soberano iraní, incluyendo instalaciones nucleares que estaban bajo la salvaguardia del OIEA.
Para fundamentar su respuesta, Irán ha invocado el Artículo 51 de la Carta de las Naciones Unidas, que consagra el derecho inherente de los estados a la legítima defensa individual o colectiva en caso de ataque armado. Desde la perspectiva iraní, sus lanzamientos de misiles no son una agresión, sino el ejercicio de un derecho legalmente reconocido para responder a la agresión inicial de Israel.
La Voz de los Líderes: Promesas de un «Infierno»
Esta postura legalista en el escenario mundial se complementa con una retórica mucho más dura y directa por parte de sus líderes.
* El presidente Masoud Pezeshkian ha advertido de una respuesta «más severa y poderosa» si los ataques israelíes continúan.
* Un alto funcionario de seguridad iraní, hablando anónimamente con Al Jazeera, fue aún más lejos, afirmando que Irán «no empezó la guerra, pero determinará su final» y que están preparados para una «guerra prolongada» que podría resultar en la «destrucción del régimen israelí».
* La Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC) ha prometido que sus operaciones ofensivas «continuarán con más fiereza y amplitud» si las «maldades y agresiones» no cesan.
La Reacción a las Bajas Clave
La respuesta iraní también se ha visto moldeada por los golpes selectivos de Israel contra figuras clave. El asesinato de altos mandos de la Guardia Revolucionaria y de comandantes de proxies como Taleb Abdullah de Hezbolá —calificado como un «golpe brutal y severo» por medios afiliados— ha sido un factor catalizador.
La retórica oficial, liderada por el Líder Supremo, el Ayatolá Alí Jamenei, insiste en que estas pérdidas no debilitarán al «Eje de la Resistencia», sino que lo fortalecerán. La presencia de altos dignatarios iraníes, como el presidente del Parlamento y el Ministro de Asuntos Exteriores, en los funerales de estos comandantes subraya su importancia estratégica y la necesidad de proyectar una imagen de unidad y resolución inquebrantable.
«Hacemos un llamado para que no permitan que el régimen brutal los use como escudos humanos. No permanezcan ni viajen cerca de estas áreas críticas.» – Portavoz de las fuerzas armadas iraníes, en un mensaje a los ciudadanos israelíes.
La Estrategia de la Doble Audiencia
La comunicación de Irán está magistralmente dirigida a dos audiencias a la vez.
* Hacia el exterior: El mensaje es de represalia calculada y justificada bajo el derecho internacional. El lenguaje utilizado en la ONU busca disuadir una condena global y, crucialmente, evitar una confrontación directa con Estados Unidos, a quien acusan de complicidad pero evitan confrontar militarmente de forma directa.
* Hacia el interior: El mensaje es de fuerza, desafío y venganza. Está diseñado para satisfacer a la base de línea dura del régimen, mantener la moral y proyectar una imagen de poder frente a lo que podría ser percibido como un ataque humillante.
Irán camina sobre una cuerda floja. Debe responder con la suficiente contundencia para restaurar la disuasión y salvar las apariencias ante su pueblo y sus aliados. Sin embargo, no puede responder con tanta fuerza como para provocar una guerra total que, especialmente con una posible intervención estadounidense, sabe que no puede ganar. Cada misil lanzado y cada declaración emitida es un cálculo preciso en este peligroso acto de equilibrio, donde un error de cálculo podría incendiar toda la región.


TE PODRÍA INTERESAR