India lanza operación militar contra supuestos terroristas en Pakistán y Cachemira; crecen las tensiones y se revive el temor a un conflicto nuclear
En la oscuridad de la madrugada, mientras millones dormían, los cielos de la región fronteriza entre India y Pakistán se iluminaron con fuego. Fue el inicio de la Operación Sindoor, una ofensiva militar lanzada por el Ejército de la India contra nueve presuntas bases terroristas ubicadas en Pakistán y en la parte de Cachemira bajo administración pakistaní.
El Ministerio de Defensa de la India fue claro en su comunicado: no se atacaron instalaciones militares pakistaníes, solo objetivos relacionados con lo que denominaron como «infraestructura terrorista». Pero la acción, por más quirúrgica que se haya querido presentar, no tardó en reavivar una de las rivalidades más peligrosas del planeta.
Cachemira: una herida abierta desde la partición de 1947
La región de Cachemira ha sido el epicentro de tres guerras entre India y Pakistán desde su independencia en 1947. Ambos países la reclaman por completo, pero actualmente está dividida entre el control indio, pakistaní y una pequeña parte bajo control chino.
Cada cierto tiempo, la tensión escala, como un volcán dormido que no se ha apagado, solo espera. Y este abril de 2025, la lava volvió a brotar tras un ataque en la Cachemira administrada por India que dejó 26 muertos, calificado por Nueva Delhi como acto terrorista.
Una respuesta anunciada: India acusa, Pakistán niega
El gobierno de Narendra Modi no dudó en señalar a Pakistán como responsable de permitir que grupos armados operen desde su territorio. Sin mostrar pruebas públicas, India prometió castigar a los responsables, y días después ejecutó la operación militar.
Pakistán, por su parte, negó cualquier implicación y advirtió sobre represalias. Las declaraciones oficiales subieron el tono del discurso: diplomáticos expulsados, visados cancelados, tratados suspendidos, fronteras cerradas y espacio aéreo restringido. La relación bilateral se deterioró rápidamente.
Disuasión o provocación: el poder militar en cifras
India posee una superioridad evidente en fuerza convencional. Con 1.46 millones de efectivos activos, supera ampliamente a los 654 mil de Pakistán. En términos de maquinaria, la diferencia también es notable:
| Arma | India | Pakistán |
| Tanques | 4,200+ | 2,627 |
| Aeronaves totales | 2,229 | 1,399 |
| Aviones de combate | 513 | ~360 |
En cuanto a capacidad nuclear, ambos países se encuentran en un equilibrio peligroso:
- India: estimadas 180 ojivas nucleares.
- Pakistán: alrededor de 170 ojivas nucleares.
Este balance, que debería actuar como elemento disuasorio, se convierte también en una constante amenaza. Cada escalada genera temor global a que un conflicto regional pueda escalar a una guerra nuclear.
La diplomacia en pausa y el nacionalismo en alza
El primer ministro Narendra Modi ha basado parte de su discurso en una postura firme ante Pakistán. El nacionalismo indio, fortalecido por el orgullo militar, aplaudió la operación Sindoor como una muestra de fuerza ante las amenazas externas.
En contraste, la respuesta pakistaní apela al derecho de defensa y a la condena internacional por lo que consideran una violación de la soberanía. Ambas partes se encierran en posiciones rígidas, mientras el canal diplomático parece clausurado.
Voces que claman por la razón
Amarjit Singh Dulat, exdirector del servicio de inteligencia indio RAW y especialista en Cachemira, ofreció un punto de vista moderado y necesario:
“La guerra es la última y peor opción. Nadie gana en una guerra. Ni siquiera los generales la quieren”.
Dulat recuerda que el costo humano y económico de una guerra sería devastador para ambos países. Su advertencia llega como un eco sensato entre gritos de amenaza y orgullo patriótico. El problema es que, históricamente, las decisiones en esta región no siempre han seguido la lógica de la prudencia.
¿Qué sigue? Escenarios posibles
Aunque por ahora no se ha declarado una guerra abierta, los signos son alarmantes. Las posibilidades son múltiples:
- Escalada controlada: más ataques selectivos y represalias sin llegar a guerra total.
- Negociaciones secretas: a puerta cerrada, como ha ocurrido antes, con potencias como EE.UU. o China actuando como mediadoras.
- Incidente irreversible: un error o provocación mal calculada que detone una respuesta masiva.
El mundo observa, y los habitantes de Cachemira esperan, como lo han hecho durante décadas, que la paz no sea otra promesa rota por las armas.
Cuando el pasado no termina de irse
Cachemira es una herida que nunca ha sanado. Cada nueva ofensiva, cada muerte, cada expulsión diplomática solo profundiza la brecha entre dos países unidos por la historia pero separados por la sangre.
La operación Sindoor puede ser vista como una victoria táctica para la India. Pero si no va acompañada de diplomacia, reconstrucción del diálogo y voluntad de resolver las raíces del conflicto, será solo otro capítulo en un ciclo interminable de hostilidad.
En un mundo cargado de conflictos, Cachemira sigue siendo una zona donde el futuro de millones depende de decisiones tomadas por pocos. Y donde la línea entre paz y guerra es tan delgada como una frontera trazada en el mapa.


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