Era solo una imagen: una mujer hindú con el rostro cubierto de polvo bermellón, sentada junto al cuerpo inerte de su esposo. La foto, viralizada tras el atentado en Pahalgam que dejó 26 muertos en Cachemira, se convirtió en símbolo del dolor, y también del enojo nacionalista. Ese enojo fue el preludio de la “Operación Sindoor”.
El 6 de mayo, en una acción coordinada y nocturna, la Fuerza Aérea india lanzó una serie de ataques aéreos contra objetivos estratégicos de tres grupos insurgentes: Jaish-e-Mohammed (JeM), Lashkar-e-Taiba y Hizbul Mujahideen. La operación no solo fue quirúrgica, fue simbólica. De los nueve blancos, cuatro estaban en Pakistán y cinco en la Cachemira controlada por Islamabad.
Pero el golpe más fuerte lo recibió Jaish-e-Mohammed. Su líder, Masood Azhar, confirmó la muerte de diez familiares cercanos y cuatro colaboradores en un comunicado divulgado por el Hindustan Times. Entre las víctimas, estaban su hermana mayor, su cuñado, sobrinos y una sobrina.
Desde el complejo Markaz Subhan Allah en Bahawalpur, ahora en ruinas, Azhar lanzó una amenaza: “Esta crueldad ha roto todos los límites. Nadie debería esperar misericordia”.
¿Quién es Masood Azhar y qué es Jaish-e-Mohammed?
Masood Azhar es uno de los terroristas más buscados del mundo. Fundó Jaish-e-Mohammed en 2000 tras ser liberado de una prisión india a cambio de los rehenes del vuelo secuestrado de Indian Airlines en Kandahar, Afganistán. Tiene lazos directos con Osama bin Laden, Al Qaeda y los talibanes. Su objetivo es claro: unificar Cachemira con Pakistán y establecer la sharia.
Jaish-e-Mohammed ha sido responsable de múltiples atentados en la región, incluyendo el letal ataque suicida de 2019 en Pulwama que mató a 41 soldados indios. Desde entonces, ha sido catalogado como organización terrorista por la ONU, EE.UU., India e incluso Pakistán.
¿Qué significa la Operación Sindoor?
El uso del nombre Sindoor no fue casual. En la cultura hindú, ese polvo rojo simboliza el compromiso conyugal. Para millones de mujeres, perder al esposo es también perder un hogar. La elección del nombre sugiere que la operación fue tanto militar como emocional: un acto de justicia poética.
Fuentes oficiales indicaron que los ataques no apuntaban a instalaciones militares pakistaníes, sino exclusivamente a infraestructuras terroristas. Sin embargo, el gobierno de Pakistán denunció la operación como una violación de su soberanía.
Escalada de tensiones en un polvorín nuclear
Desde la partición de 1947, India y Pakistán han librado tres guerras y protagonizado innumerables enfrentamientos menores. Ambos países poseen armas nucleares, lo que hace de cualquier escalada una amenaza para la estabilidad global.
Los ataques recientes, sumados a las amenazas de Azhar, podrían avivar un nuevo ciclo de violencia en Cachemira. Por ahora, Nueva Delhi insiste en que sus operaciones son defensivas, pero la historia demuestra que un solo error puede encender la mecha.
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