España enfrenta la peor ola de incendios en su historia reciente. Más de 400 mil hectáreas han sido arrasadas por las llamas, lo que equivale a casi uno por ciento del territorio nacional. El desastre ha dejado ocho muertos y más de 35 mil personas desplazadas, además de 50 sospechosos detenidos por provocar los fuegos.
Las temperaturas extremas, que alcanzaron hasta 40 grados en zonas del norte poco acostumbradas a tales cifras, junto con los vientos intensos, convirtieron los incendios en un infierno incontrolable. A ello se sumó la abundante vegetación tras las lluvias de primavera, que sirvió como combustible natural para la expansión del fuego.
Vecinos de comunidades como León, Galicia y Ourense lamentaron la falta de prevención y señalaron un sentimiento de abandono por parte del Estado. Muchos aseguran que las autoridades no han invertido lo suficiente en cuidado forestal, lo que agrava cada verano el riesgo de catástrofes.
Críticas al Estado y récords históricos
La magnitud de la emergencia provocó enfrentamientos políticos entre gobiernos autonómicos y el Ejecutivo de Pedro Sánchez. Mientras los presidentes regionales, en su mayoría del Partido Popular, fueron señalados por ausentarse durante la crisis, el gobierno central se vio obligado a pedir ayuda internacional a países como Alemania y Rumania.
Las cifras reflejan un récord alarmante: los incendios de este año ya superan el desastre de 2022, cuando se calcinaron 306 mil hectáreas. Solo en dos semanas se registraron 20 grandes incendios, algunos de los más extensos del siglo en Zamora y Ourense.
La vicepresidenta Sara Aagesen advirtió que la tragedia debe servir para replantear políticas públicas que prioricen la prevención y la adaptación al cambio climático. Sin embargo, la sensación predominante en los pueblos afectados sigue siendo de abandono, con la esperanza de que las lecciones de este verano no se olviden.


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